POLÍTICA-MIENTE INCORRECTO

Blog del poeta Alejandro Céspedes con reflexiones, artículos, opiniones, etc. sobre actualidad, literatura o política, desde un punto de vista muy poco epicéntrico.

A veces me veo a mí mismo nadando en medio del mar hacia una isla que ese otro que también soy yo ni ve ni sabe que existe.


Todos los textos de este blog están protegidos bajo licencia.
“Amo más que nunca la poesía como creación extrema del hombre, me siento como siempre un aprendiz, sé que he escrito algo relativamente diferente, no me interesan el éxito literario ni la fortuna ni tampoco la farándula "socio-literaria", busco lo abierto”.
Extracto de una carta de Roberto Juarroz a W.S. Merwin, traductor de su obra al inglés, que yo podría firmar perfectamente. Incluida como epílogo a Décimocuarta Poesía Vertical. Fragmentos Verticales, Emecé, Buenos Aires, 1997.
AUTOENTREVISTA;
El cuestionario que nunca recibí de Culturamas:

1. ¿Crees que el mundo se está acabando?
Esta vida es un batán,
unos vienen y otros van,
y mientras cae el martillo
siempre hay gente en el camino”.
Sicum dixit abuela Céspedes.


2. ¿Cuál es tu posición favorita en un coche?
La de quien está pasando con velocidad a otro canal de la tele.


3. ¿Cuál es tu precio?
Victor Manuel... MasterCard... no sé, hay tanta literatura al respecto y tanta competencia con los partidos políticos que me siento devaluado.


4. ¿Qué comida jamás probarías?
La que ha sido previamente vomitada y toda aquella que haya estado detrás de unos ojos que fueron capaces de mirar con ternura. ¡Ojito con los pollos, eh!


5. ¿Por quién o por qué serías un kamikaze?
Fui un kamikaze el día que decidí tirarme en marcha del útero materno.


6. ¿Has odiado de verdad a alguien?
¡Por Dios! (en el ambivalente sentido de la exclamación)


7. ¿Cuál de tus manías soportas mejor? 
No me gusta que me rebajen de categoría. Yo no tengo manías, sólo colecciono neurosis obsesivas.


8. ¿Te valdría de algo ser inmortal?
Para rizar el rizo del hastío.


9. ¿Compensa ir de farol por la vida?
Siempre me ha dado un poco de repeluco el fenómeno de la autocombustión.


10. ¿Qué parte de tu persona no comprendes?
Por un lado está el inconveniente de la algarabía y, por otro, que con esto pasa lo mismo que con las convocatorias de las comunidades de vecinos. El problema de los que tenemos personalidad múltiple es que nunca es posible que nos reunamos todos. Y así no hay modo.


11. ¿Te gustan las películas porno con argumento?
Ah ¿es que las había sin argumento? Otra cosa que ya no estoy a tiempo de remediar.


12. ¿Cuál es tu trozo de piel más sensible?
Aparte de lo obvio y lo común pienso en Pinocho y en Aquiles. Tengo esas dos partes de mi cuerpo rotas, ya sólo sufro la parte metafórica.


13. ¿Cómo sería para ti un extraterrestre?
No me hace falta el condicional. Son extraterrestres los bichos de dos patas que me encuentro cuando salgo de los muros de mi finca.


14. ¿Preferirías vivir en la luna? 
Mi parte sociópata estaría encantada, pero mi parte lírica prefiere seguir saliendo al jardín a cepillarse los dientes mientras la mira.


15. ¿Merece la pena saber morir?
No soy consciente de que se nos haya sido dada esa elección. La muerte, se quiera o no, termina por aprenderse.


16. ¿Qué harías si poseyeses esclavos?
Realizar el sueño de mi vida: vivir en una inmensa plantación de Georgia y dedicar a otras cosas el mucho futuro dinero que tendré que pagar por servicios sexuales.


17. ¿Te cambiarías el nombre si te lo pidiesen?
Me han hecho preguntas más inteligentes, la verdad.


18. ¿Cómo te imaginas a tus tatarabuelos?
Esto es como el chiste del Maestro y el Pequeño Saltamontes sobre la ignorancia y la indiferencia: ni lo sé, ni me importa, hijo. Se ve que vamos en la pregunta 18 y va quedando ya poco arsenal.

19. ¿Y a tus bisnietos?
Esta pregunta se la perdono porque en realidad he robado este cuestionario a Juan Casamayor, pero si me la hiciese a mí le contestaría aquello de “no sabe usted con quien está hablando”.


20. ¿Te molesta juzgar a los demás?
¿Habrá actividad más psicoterapéutica?


21. ¿Qué frontera jamás cruzarías?
La que una y otra vez y otra vez y una y otra vez sigue llevándome a mí mismo.


22. ¿Hasta que número sabes contar?
De momento hasta 53, ya veremos hasta dónde alcanzo para, como usted dice, aprender a morir definitivamente.


23. ¿Te gusta meterte en charcos?
Es absolutamente imposible para un niño asturiano no aprender a disfrutar con eso, pero a medida que se van cumpliendo años esa parte romántica termina por hacerse muy fangosa.


24. ¿Conoces a todos tus enemigos?
Desdiciendo al dicho, ¡ni lo quiera dios!

25.¿Cuál sería tu epitafio en cuatro palabras?
He empezado con mi abuela y termino con ella: “Muertu el burru la cebada al rabu”. No quiero que queden restos de mi cuerpo. Me repugna la ceremonia y el moranquerío que se hace con la muerte. Encuentro muy horteras los mármoles escritos. “Todo lo construido sobre el aire nace con el remordimiento del desplome”. Ya ve lo que me gusta llevar la contraria, me pide cuatro palabras y le pongo siete renglones. Si es que no se puede reprimir durante mucho tiempo a los que padecemos verborragia.



CITA DEL DÍA:

Ordeno a todos los ciudadanos y ciudadanas de Euskadi, particulares y autoridades, que guarden nuestros sueldos vitalicios y los hagan guardar”.
                                            Patxi López en el Boletín Oficial del País Vasco
¡Larga vida al Ex!

LOS POLÍTICOS ESPAÑOLES NACEN SIN PLACENTA 

            A los políticos se les conoce en el mismo instante de nacer: no lloran. Abandonan el útero con énfasis y con una sonrisa aviesa que ya traen ensayada durante nueve meses. Las comadronas lo saben: “ha tenido usted un político, señora”. Nunca dicen “dar a luz”, los diputados, diputadillos y muchos concejalillos vienen al mundo dentro de un coche oficial con los cristales tintados, es decir, con una disminuida capacidad para ver la realidad que los rodea. Su placenta es un gran Audi o un Mercedes. Placentas alemanas, por supuesto.
            Lo más grave de la noticia que da pie a este comentario no es que un partido que ha obtenido un solo diputado tenga 6 asesores y además lo justifique con fervor mientras él mismo sigue disfrutando de dos sueldos y dos trabajos (el público y el de su despacho de abogado que le quita tanto tiempo que necesita contratar seis asesores, a ese ritmo acabará él solo con el paro), sino que leyéndola también nos enteremos de que tiene derecho a coche y chófer oficial o de que en un parlamento de 45 diputados tengan asignados 47 cargos (en realidad muchísimos más porque hay que añadir todos los que se adhieren -nunca mejor dicho- a cada consejería, fundación, ayuntamiento...). Ya se sabe, entrar en un partido político es hacerse socio de tu propia agencia de colocación.
        La misma Rosa Díez reclamaba hace unos días a Rajoy que “despidiese a todos los cargos de libre designación” porque lo que sobraba no era funcionarios sino “nombrados a dedo”.
           Una noche de estas atrás, en uno de esos programas de tertulias donde siempre hablan los mismos acerca del mismo tema, me quedé estupefacto. Escucho a Basagoiti (presidente del PP vasco) decir que Rosa Díez, “a quien tanto se le llena la boca hablando de los privilegios” de la casta política, siguió cobrando el sueldo vitalicio al que “tenían derecho” TODOS los consejeros y viceconsejeros del gobierno vasco hasta que hace unos días se cambió la ley. No he leído ningún desmentido ni de ella ni de nadie de su partido.
            Lo de UPyD sólo es un ejemplo más, muy llamativo, sí, porque es el partido que preconiza la regeneración democrática. Otro ejemplo desgraciado de que todos son iguales. Escribo esto y empiezan a sonar dentro de mi cabeza las palabras de Agustina, mi gran amiga, cada vez que sale el tema, ayer sin ir más lejos: “no es verdad, no son todos iguales. Hay mucha gente honrada que se cree lo que hace y trabaja por hacer mejor la vida a los demás”. Y me escucho  respondiendo también siempre lo mismo,: no es posible, Agustina, por acción u omisión todos son cómplices, todos son colaboradores necesarios.
         Y es que los políticos, además de venir de serie “vitalicios”, tienden a la eternidad, incluso desde 1936 (ver el apartado (a) de lo que sigue) y a la perpetuación (ver apartado (d):

1. TENDRÁN DERECHO A UNA PENSIÓN VITALICIA las personas siguientes:
a) El lehendakari y los Consejeros que formaron parte del Gobierno Vasco DESDE OCTUBRE DE 1936 hasta el 15 de diciembre de 1979.
b) Los lehendakaris y los Consejeros del extinguido Consejo General Vasco.
c) Los lehendakaris de los gobiernos de la Comunidad Autónoma del País Vasco.
d) LAS VIUDAS O VIUDOS, HUÉRFANAS Y HUÉRFANOS Y PADRES Y MADRES de las personas citadas en los apartados anteriores.


Y LO ORDENA Patxi López, llamado cuando firma a ser Francisco Javier. Así termina el texto del Boletín Oficial del País Vasco: ”Por consiguiente, ordeno a todos los ciudadanos y ciudadanas de Euskadi, particulares y autoridades, que la guarden y hagan guardarla.
Vitoria-Gasteiz, 4 de junio de 2012.–El Lehendakari, Francisco Javier López Álvarez.


(Boletín Oficial del País Vasco número 111, de 7 de junio de 2012)

Curioso lo que tienen que guardar los ciudadanos vascos... ¡qué feudal suena! “Ordeno que guarden mi sueldo vitalicio y lo hagan guardar”.

               Así que ya lo saben, la vida política tiende a la trascendencia, al Más Allá, a la inmortalidad del subsidio y la prebenda. La mayoría de los ex presidentes autonómicos tiene derecho a contar con un funcionario a su cargo y coche oficial con conductor de por vida. Patxi López cobrará de por vida por un trabajo que realizó sólo tres años. Casi todos los demás ex presidentes de autonomías se incorporarán, también de por vida, of course, ¡larga vida al ex”! (hasta los 70 años pudiendo voluntariamente seguir hasta los 75) como miembros de un Consejo Consultivo que no es más que otra artimaña para seguir cobrando y esquilmando a la pobres hormigas. ¿Se imaginan que ex dependientes de Zara cobrasen sueldo vitalicio después de trabajar tres temporadas o que ex cajeras de “Día”, tras cuatro años leyendo códigos de barras, pasasen a formar parte del “Consejo Consultivo de Ex-Cajeras de Día”? Ellos, la casta, sinencambio -que dirían Los Morancos- no sólo lo encuentran perfectamente lógico, sino también un derecho inalienable. Dentro de unos cuantos años habrá más ex con sueldo vitalicio que personas.
             Sigue la estupefacción omnipresente, ubicua, escucho hace un momento en una TV decir con mucho énfasis a Vidal Cuadras -que ha decidido montar y presidir una plataforma de regeneración democrática mientras sigue siendo vicepresidente del parlamento europeo- que España no puede mantener a tantos políticos. Recuerdo a este mismo individuo, hace muy poco tiempo, renegar enfadado de la posibilidad de que él dejase de viajar en Bussines Class para acudir dos veces por semana a Bruselas en un viaje de 2 horas “con las rodillas debajo de la garganta”. ¿Qué pensarán los trabajadores de Getafe que tienen que ir a trabajar en hora punta cogiendo un autobús, un tren de cercanías y uno o dos metros? ¿Qué los diferencia? ¡Ah claro, perdón, el coche oficial, que es evolutivamente mucho más eficaz que la placenta! La evolución de las especies no perdona.


             
Hay otra noticia también de esta mañana que a pesar de la incineración me produce escalofríos: "Cataluña recorta la partida antiincendios más del doble que la de sus 8 televisiones(noticia completa aquí).
             Los dos incendios de esta semana pasada han quemado cuatro vidas y arrasado 14.ooo hectáreas. Parece ser que a la casta les importa más poder ver cómo se quema su territorio que el fuego que lo devora. No por casualidad llevan tantos años compitiendo con él en voracidad. Ahora sólo les falta asomarse a un balcón del Palacio de la Generalidad, igual que Nerón, con una lira. Aunque yo preferiría que imitasen a Bonzo. Siempre sería un incendio mucho más controlado.

PAGAR EN TIEMPOS REVUELTOS. 













El artículo que recomiendo hoy es hermoso por lo que tiene de contestatario. Volver a tiempos que uno creía olvidados debe de ser lo único positivo que nos han traído estos tiempos difíciles. Recuperar la conciencia de la pérdida o, tal vez para los más jóvenes, luchar por tener la conciencia de su propio sueño.

Un país que se acomoda sobre la impunidad -escribí hace no mucho- es un país narcotizado, y desde el sueño la única acción posible es soñar. Tanto para los que andan a la busca de un sueño que dé sentido a sus vigilias como para los que ya hemos conocido el sueño, la pesadilla y la cruda realidad de la   vigilia y vemos la borrasca -alerta roja- que nos busca desde un horizonte demasiado cercano, el tono de ese artículo nos reconforta un poco. Sólo digo “un poco”, porque cada vez que escucho la resignación con que los ciudadanos aceptan lo que hay y lo que viene tengo la sensación de ser un personaje de película, un ente que vive ajeno a su realidad. Y a esta sensación contribuyen desmesuradamente los tres primeros comentarios que han hecho sobre la noticia en el periódico otros tantos lectores.

Me asquea lo correcto porque la corrección lleva en su interior el feto de la sumisión. Me repugna la resignación porque es la consecuencia de aceptar la capacidad del mito para seguir explicando la realidad. Así, igual que Edipo, seguiremos arrancándonos los ojos -o dejando que nos los arranquen- para que "la verdad" tenga sentido. Me indigna el “y qué vamos a hacer...” porque en él ha crecido ya el germen de la obediencia y, con la rapidez que tienen las malas hierbas, asfixia al resto de las semillas productivas, siempre lentas.

¿Será la suya la auténtica realidad? ¿los mitos de "El Mercado", "El Ajuste", "Esta" política, son esas profecías que, auto-cumpliéndose, nos explican y señalan el sitio que ocupamos?
¿Debería entonces dudar de la realidad que percibo y que posiblemente haya construido a espaldas de la cierta, la que han edificado los demás?

Leer este artículo me produce una efímera sensación de bienestar que sólo dura el tiempo que olvido que está auspiciada por los mismos de siempre. Los mismos de siempre siempre son los mismos o los otros, eso importa poco. Importa más ser conscientes de su fagocitosis.

Sea sueño o pesadilla disfrutémoslo mientras aún están “los otros” emitiendo sus seudópodos. Antes de que nos abracen definitivamente algunos tendremos tiempo de gritar:
¡No vull pagar!
¡Novullpagar por mis sueños!
 Para todos los demás MasterCard
 Algunos estarán esperando despertar.


Foto: Edipo y la Esfinge. Óleo sobre lienzo de François-Xavier Fabre (1766-1837). Dahesh Museum, New York City.     

Sobre peajes y máquinas trituradoras.

¿Hasta dónde están dispuestos a llegar? Haciendo cuentas, con esta nueva "ocurrencia" (nos están saliendo carísimas las ocurrencias de estos que "sabían lo que tenían que hacer" y en cuanto ganasen las elecciones se arreglaba todo porque eran los prometeos míticos de "LA CONFIANZA". La confianza que tenían en esquilmar y exprimir más ¿cuánto puede quedar? a los que menos tienen). Como decía, con esta nueva ocurrencia me costará ir a ver a mis padres 189 €, entre gasoil, peajes que ya hay y los nuevos que está “estudiando”. Es decir, mucho más caro que ir en avión. Ya pagamos el Impuesto de Circulación, pero como eso está asumido ahora nos dicen que con esto del peaje pagaremos el arreglo de las carreteras que usamos. También nos cobran en todas las ciudades el Impuesto de Aparcamiento, todo el mundo sabe que las ciudades son suyas, ahora también las carreteras. ¿Para qué estamos pagando el resto de impuestos? Según un estudio el español medio trabaja 5 meses para el estado, sólo a partir del 6º mes empieza atrabajar algo para sí. Este estudio olvidó computar los impuestos indirectos. El 18 % en forma de IVA ¡qué gracia, impuesto sobre el valor añadido! El valor añadido por ellos (pronto será el 20) cada vez que compramos "los chuches", como dice Rajoy, también se va para el estado. No es banal que pronuncie las palabras que llevan "s" con ese deje de serpiente arrastrándose. ¿Así quieren que la economía mejore? ¿Cuál? La suya ¿no?. No les he oído nada de eliminar las Diputaciones, las subvenciones que cobran por cada voto que se mete en una urna, por cada concejal, diputado autonómico, estatal, etc. Ni por las subvenciones que da cada ayuntamiento a TODOS los grupos políticos, etc. etc. etc. etc. etc. Ni las de la iglesia o los sindicatos, o los empresarios o o o o o o o Hoy nos hemos enterado que también les pagamos las clases de inglés a unos precios astronómicos para Rajoy y altos cargos: 685.000 € exactamente a la empresa Linguacenter, la partida se ha triplicado. No pienso nada bien, algo me dice que alguien estará detrás de esa triplicación de la partida a esa empresa. Yo, supongo que como la mayoría, he pagado de mi bolsillo mi formación en todos las empresas e instituciones públicas donde he estado. Pero es lo que tiene ser los depositarios de nuestros dineros y a la vez decidir dónde y cómo se gasta. Hace demasiados años que se ha identificado la gestión con la propiedad, y como ellos son los representantes todo lo que se gasten en ellos mismos -eso sí, con nuestro esfuerzo- se considera un derecho inalienable. Soy consciente de haber utilizado dos categorías: "ellos" y "nosotros". Pero es que han sido "ellos" quienes las han establecido. Yo no soy ellos y el infierno son los otros. Como siempre. Sigo tratando de saber hasta dónde están dispuestos a llegar. A lo mejor se les ocurre mandarnos a hacer trabajos forzados en el tiempo libre, aquellos que lo tengan, y a los parados el día entero. A los jubilados también, que no tienen nada que hacer en todo el día más que ir al ambulatorio. O también nos podían triturar para carne de mascotas y exportar al resto de Europa con un beneficio doble, dejaríamos de gastar en los servicios que ellos graciosamente nos regalan y serviríamos como materia prima en un país tan escaso de ella. Total, aquí no quedarían muchas mascotas que alimentar. Sólo tendrían un problema. Deberían importar mano de obra para hacer funcionar las máquinas trituradoras. A ellos eso de trabajar, lo que se dice trabajar, no les sienta nada bien. No me hagáis caso, últimamente yo tampoco estoy viendo las cosas nada bien. Es muy posible que tenga instalada en mi cerebro una de esas maquinas trituradoras y aún no lo sepa. Esa sería otra posibilidad que no deberíamos desdeñar.

Los accidentes laborales del rey










Ni quiero rey ni lo necesito. Para ser rey, históricamente, una persona igual que las demás ha tenido que conspirar, invadir masacrar... y luego meterse la corona literalmente en los cojones para transmitirla en su ADN y que sus hijos disfrutasen de sus mismo derechos divinos teniendo que ser un poco menos corruptos (algunos no se conformaron y mejoraron el ADN paterno).
No quiero ningún rey y menos a uno que tenga esta conducta tan “poco ejemplar”. Lo de su yerno viene de serie, de sobra conocidas son las “amistades peligrosas” de Juan Carlos, muchas de ellas pasaron por la cárcel y otras se salvaron vaya usté a saber por qué.
Ambos, reina y rey, son fervientes católicos y defensores a ultranza del vínculo matrimonial lo que no les impide, desde hace años, tener cada uno sus amantes y aborrecerse en lo privado mientras siguen haciendo el paripé y juzgando ¡cómo puede la reina dar lecciones de lo que debe ser un matrimonio con lo que tiene en su casa?
Cómo puede la reina hablar de las carrozas del día del orgullo gay (no es que no haya motivos para ello, sinceramente) cuando su señor marido lleva tantos años haciendo una cabalgata que si la hiciera mi padre diría que es un macarra?
No quiero ningún rey, pero menos aún a uno que se escapa de palacio por la puerta de atrás con su gran moto a buscar a la pilingui de turno y llevarla de paquete. Ni a uno que va a cazar osos domesticados y borrachos para que, como franco en la cacerías o en la pesca en Asturias, no falle el tiro. Lo que le hacían a Franco con los ciervos y los salmones ya se sabe. No quiero ningún rey que brinque de puro éxtasis con la matanza de un toro y menos a uno que figure con orgullo en “la lista de quien a abatido al menos dos elefantes”. El día del accidente del helicóptero Cougar en Afganistán en el que perdieron la vida diecisiete militares españoles en 2005, este borbón estaba también matando elefantes y no se dignó venir. Regresó tranquilamente cuando terminó “su cacería”. Tampoco ahora que su nieto, otro borbón cazador ya desde niño, se disparó en un pie dejó su cacería para venir a verlo. A mí esto me importa una mierda, allá él, sus hermanos, sus nietos y las armas. Si el rey hubiese escarmentado en “sangre propia” quizá este niño no hubiese tenido que escarmentar en propia carne, aunque dudo que lo haga, todo es demasiado borbónico. Todo muy ejemplar.
No quiero un rey cuyos “accidentes laborales” sean:
rotura de cadera de cacería por Bostwana
heridas en tórax, muslo, antebrazo izquierdo, manos, nariz y rotura del nervio radial por chochar contra un cristal jugando a paddel
fisura de pelvis por esquiar en Suiza
Lesión de rodilla por esquiar en Baqueira Beret
Lesiones en un ojo por cacería en Suecia y …..

Se había dicho que los reyes este año comenzarían más tarde sus vacaciones de semana santa para adaptarse un poco a la crisis del país, pero el borbón protagonizó el último acto de su agenda oficial el pasado 29 de marzo -hace ya 15 días- cuando viajó a Bosnia. Desde entonces, Don Juan Carlos ha estado liberado de compromisos oficiales. Muy pronto empezarán sus meses de trabajo en Mallorca en concursos de vela, muy pronto también vendría la temporada de esquí si sus lesiones laborales y su edad no le hubiesen apartado de las pistas. No sé por qué sometemos a este anciano a todo este ajetreo.
Es cruel tener a una persona de su edad trabajando tanto todavía. Démosle vacaciones permanentes. Para siempre. A él y a toda su “ejemplar familia”. Que viva de la caza de elefantes, supongo que será un buen negocio. Con lo que tiene de “sus negocios” estoy seguro de que podrá comprar varias manadas. O de camellos, hace unos días se publicaba que una de sus presuntas amantes le había representado para presuntos negocios privados con un ¿también presunto? príncipe Saudí.
La reina está ortodoxamente trabajando en Grecia. Celebrando la pascua ortodoxa con su familia. Ahora comprendo los inconvenientes de ser un heterodoxo.

Las matemáticas, la poesía, el pensamiento y la incertidumbre del lenguaje.

En esta ocasión lo que he escrito puede escucharse (pinchando sobre el título de la entrada; duración 11 min). Es el texto que leí en la presentación de la Antología Poesía y Matemáticas, el día 10 de febrero en el Ateneo de Madrid.
En él continúo con mi reflexión sobre lenguaje y pensamiento y cómo se vuelcan -desde lo puramente poético- en la poesía. Es un texto en el que se me pidió que expusiese las relaciones que a mi entender se dan entre la poesía y las matemáticas. Pinchando sobre el título puede escucharse la grabación original realizada en el Ateneo. (Duración: 11 minutos)

TEXTO COMPLETO:

El antólogo, Jesús Malia, me ha pedido que aborde mi intervención desde un planteamiento poético. Lo único sobre lo que se supone que tendría algo que decir. Pero no es cierto. No sé. Poesía y matemáticas nacen de un mismo intento intrascendente. Cierta forma de mirar la existencia que aspira a poder dar nombre a esas cosas simples que conocemos todos. Hay algunos que creen que saben cómo hacerlo. Pero saber cómo se hace sólo es una mitad de las muchas mitades. Saber dónde se encuentran el resto de las mitades tampoco garantiza que puedan ensamblarse.
Teorías, hipótesis, fórmulas, poemas para construir un elogio a la inutilidad.

He estado muchas horas escribiendo unos textos, no menos detestables que este, para intentar justificar el por qué de mi presencia. Pensé que tenía que hacerlo porque yo no llego a Topología de una página en blanco desde ningún planteamiento matemático. Llego a Topología por cuestiones de espacio, por asuntos geográficos, porque encuentro que hay límites a izquierda y a derecha por arriba y por abajo que hacen que el pensamiento que corre en los renglones sea finito. También llego por un extremo hartazgo de esa voz doliente e inflamada del yo de la retórica y de la retórica del yo. Precisamente una de las características que más interesa de lo matemático es que imperativamente necesita prescindir del sujeto.

Así que, efectivamente, había llegado a “Topología de una página en blanco” desde lo matemático, pero no lo sabía, porque entro en “Topología...” desde el propio lenguaje, dejándome llevar por el torrente de un discurso continuo qué reflexiona sobre cómo atrapar las ideas y encerrarlas en el vocabulario. Es una reflexión poética que no asume al sujeto, al lector ni a la página como elementos distintos y distantes del mismo hecho poético.

Topología trata de hacer consciente al lector de su presencia y hacer que esta sea activa. Intenta que vea, a la vez que el autor, los problemas que se plantean en el acto de escribir. Pretende hacer conscientes a ambos del poder constrictor que imponen los límites que tiene la página. Es una reflexión sobre el espacio, sobre la creación, sobre el lenguaje, sobre el propio acontecimiento poético y el papel que juegan en el mismo tanto el creador como el recreador.

Lo matemático lo encontraré después. Cuando descubra que todo lo geométrico y lo físico se explica en el idioma matemático. Y cuando llego encuentro dentro de los términos y conceptos científicos un campo semántico tan amplio y sugerente que atrae mi cerebro como un campo magnético. Y también, sobre todo, porque observo que ambos sistemas -poético y matemático- se enfrentan a un problema parecido aunque quizá desde planteamientos antagónicos: su lenguaje.

Buscamos la verdad y la verdad no existe. Sólo existe el lenguaje. Heidegger nos lo dijo: “El problema de la filosofía no es la verdad, es el lenguaje”.
En ausencia de un sistema filosófico previo el razonamiento matemático tiene problemas de supervivencia. Y también sin una disciplina reflexiva previa debería estar prohibido acercarse al poema.
Y sin embargo, como sabía Mallarme, el poema no está construido con ideas sino con palabras.
Volvemos al desorden del principio. El pensamiento aspira a organizar el mundo y el lenguaje se conforma con poder organizar el pensamiento. ¿Es capaz de abarcar la idea de infinito el símbolo del infinito en una fórmula? ¿qué infinito? ¿el infinito es símbolo y es signo en todos los lenguajes?
Soy poeta. Siervo y señor de un verbo intraducible. Explicarnos el mundo y explicarnos en él. Es el intento. Pero al llegar, escombros, esquirlas, serrín de un pensamiento intraducible. La emoción, producto de lo tangible y lo intangible, la belleza, que traduce lo tangible a lo intangible. La abstracción que se expresa con fórmulas y cifras que se gustan exactas. El pensamiento, otra vez lo tangible y lo intangible en el cerebro como materia eléctrica. En el cerebro todo. Y sólo, con acento.

Ese es el problema de todos los que usamos un lenguaje. Escarbar en un magma sobre el que flotan los cabos de un ovillo: las ideas. Retazos, sombras de lo siempre Inefable porque el cerebro no posee lenguaje. Todo aquello que ocurre en él es, en esencia, absolutamente inexpresable. Como todos los dioses creadores necesita un mediador para manifestarse porque no puede actuar directamente. La poesía, la música, las filosofía con todas sus hijastras (física, geometría, astronomía, matemáticas...) únicamente son idiomas inventados, trampas para cazar a las ideas e intentar demostrar que existe lo indecible. Somos la única especie que necesita hacerlo. Y al universo conocido e ignoto, al resto, a todo lo que no somos, no le importa. La realidad, en la exhaustiva amplitud de sus designaciones, existe y no nos necesita.
Es difícil sobrevivir a la abundancia.
Y si la racionalidad le es indiferente al universo, por qué pretender su indagación ¿qué es lo objetivo? ¿cómo y quién nos define o nos refuta? ¿por qué el tú y el yo son aceptables? ¿desde dónde? ¿es “dónde” siempre un lugar?
Preguntas, sí, en eso también somos iguales poetas y científicos. El signo de igualdad en este caso no es una conclusión, es previo, antecedente.
Origen y final sólo son términos de una lógica mínima que intenta apaciguar su propio caos. El desorden existe únicamente cuando un cerebro intenta estabularlo, no antes. La confusión ignora la palabra antes y consecuentemente el término de error. Se subleva lo idéntico, sospecha de sí mismo, se desune. Como un mar infinito de hielo cuarteado cada fragmento impone sus fronteras. Paradójicamente, mientras se desfigura adquiere forma. Es un puzzle revuelto que desdeña la posibilidad de re encajarse y ahora, más que nunca, es necesario volver al establo de la lógica mínima, entrar en el cerebro, encontrar ese hilo que sabemos fragmento porque vemos un cabo. Pero olvidamos que el todo es un fragmento y que es justamente el extremo que vemos de ese hilo cortado lo que le da nombre a lo que falta. Hay que volver a ser para dar nombre a lo que ya no es.

Estuve toda la noche peleándome con el poema, oigo decir a un poeta. Y de nuevo la idea y el lenguaje apareadas como especies distintas pero que no producen híbridos estériles. Cualquier palabra puede ser la semilla de otra idea. De esto también se habla en “Topología...”, de intentar averiguar cómo se trae la idea hasta el lenguaje. Catábasis y anábasis recíprocas y, a veces, simultáneas.
Fórmulas y palabras es a lo que llamamos pensamiento. ¿Cómo pensaba Bach cuando traducía la idea de una música que estaba en su cerebro a un lenguaje de notas? Rimbaud también se preguntaba qué lenguaje empleaba la mente imaginativa.
No sé cómo se hace. Sé que por muchas veces que introduzca mis brazos para intentar saber dónde está el fondo, todo vuelve a sí cuantas veces los saco, todo se recompone de la misma manera que el agua cierra sobre sí misma sus heridas.
Sólo tengo preguntas. Quizá sea ese el auténtico y único problema del cerebro: ninguna respuesta consigue apaciguarlo.
Las matemáticas, la poesía, la música, el mugido de un buey, el gradiente de un líquido salino... ¿Tienen también los peces un lenguaje? ¿el mismo para todos sólo porque viven bajo el agua? ¿distinto en distintas aguas?
¿Cuántos poemas caben en un poema? ¿Cuántos realidades puede explicar la misma fórmula? Todo apela a un concepto que a su vez necesita otro concepto... ¡Qué fecunda es la esterilidad de los lenguajes!
Formulamos el mundo, hacemos poesía y con ninguno de los dos idiomas hemos sido capaces de entenderlo. El principio de Arquímedes sólo explica por qué flota el cuerpo de un ahogado.
Parecía difícil hibridar dos lenguajes tan, en principio, estériles. La matemática nace para demostrar o refutar en lo concreto. La poesía resiste sin ahogarse en esa ciénaga en donde lo particular es universal y viceversa y sus únicas verdades son axiomas, principios fundamentales siempre indemostrables sobre los que se intenta construir cada vida.

¿Era necesario medir la duración exacta de los días, construir calendarios para acabar sabiendo que nunca salen las cuentas? Inventamos la ciencia para medir los límites del mundo y se hace más certera cuando mide los límites de sus propios errores. ¿Es posible bañarse dos veces en la misma tinta de la misma página?
Símbolos, sólo nos cobijamos a la sombra de símbolos. Dentro de cada fórmula, dentro de cada página, sigue ignorándonos todo lo que no admite cobijo ni catálogo. Cuando cierras los ojos todo lo que no es y lo que es decide confundirse. Nos confunde. Quizá haya que aceptar que sólo en la confusión habrá cobijo.
En poesía también existen los errores de cálculo. A veces hay más vacío en la página escrita que en la página en blanco. También a veces hay cierta poesía y ciertas teorías matemáticas que de tan sólidas, de tan preñadas de certeza como están, no pueden ver las ruinas que ellas mismas edifican en su propio crecimiento.
Wittgenstein, en su Tractatus, dejó escrito que “La forma general de la proposición siempre es una variable”. Poesía y matemáticas como cuadernos de campo, como cartografías que permitan evitar una de las más peligrosas personificaciones del vacío: la comodidad, (Muñoz Sanjuán dixit).
Presencia y ausencia tienen que convivir en nuestros dos sistemas, y también a veces simultáneamente.
Hablo de lo innombrable del lenguaje, hablo de lo intangible. ¿En dónde está la idea? ¿antes, dentro, después, en la totalidad, en las palabras mismas, cómo demostrar que existe la idea inexpresada?  ¿Cómo verificar exactamente que la palabra escrita procede legítima y directamente de la idea? ¿De qué idea? ¿De la del receptor o del que emite? La idea es gaseosa, líquida la escritura, cuando una entra en la otra se da la refracción. En ese mínimo espacio de demora está el abismo. Y en el abismo, a veces, mientras se está cayendo el poeta puede agarrar la poesía. Agarrar, no agarrarse.
Sí, todo y sólo, con acento, es pensamiento. Y el pensamiento es Nada.
No deja de tener gracia. Qué curioso, al final, para Nietzsche y Walter Kauffman, la poesía también era una ciencia. Gay, pero ciencia. Y así, lo mismo a matemáticos que a poetas, dentro de cada fórmula, dentro de cada página, nos ignora todo lo que no admite cobijo ni catálogo. Nunca deberíamos olvidarlo.

Hijos, hermanos, cuñados… el Gobierno tira de la familia para los altos cargos

Estoy harto de desayunar (literalmente) con toda esta basura pero me temo que la única forma de enmendarlo es dejar de leer la prensa, toda.
No es que sus predecesores estuviesen peor entrenados, es que estos vinieron predicando la regeneración, la transparencia. Sólo por llegar ellos todo se iba a arreglar.
El mal radica en la ingenuidad. A pesar del currículum que traían de antiguo (Valencia, Madrid, Baleares, Murcia y y y y y ....) hubo varios millones que se lo creyeron o les costó menos trabajo deglutir el batracio.
Siguen sin querer enterarse. Este partido lo juegan siempre "ellos", los demás estamos condenados a pagar aunque no nos guste el fútbol y ni siquiera vayamos al estadio. Y, lo siento por los crédulos, pero sí, "ellos" son siempre los mismos. Por más que cambien el color de la camiseta.
Hace pocos días que la iglesia católica hacía público este anuncio para captar adeptos: "No te prometo un gran sueldo. Te prometo un trabajo fijo". Si le quitamos la negación inicial podría se el lema de cualquier partido. Lema interno, quiero decir. Recuerden que "ellos", son siempre los mismos.
¡Para qué estudiar! La carrera que tiene más salidas (o más metas) es la de un partido político. Ya sabes, cásate con uno, haz que tu padre lo sea, convence a tu tía para que se eche unos mítines, entrena a tu hijo a lamer culos, comer sapos... Haz lo que sea. Serás recompensado largamente.
Alcemos nuestras copas por la clac. La ingenuidad resiste a la intemperie.

SOMOS PRESAS

SOMOS PRESAS, servimos de alimento a la depredación política y económica, venga de donde venga, les gusta cambiar de nombre pero siempre son los mismos lobos aunque cambien de collar. Presas cada día más famélicas, por eso tienen que devorar a más, porque a su cualidad de alimañas insaciables se une nuestra magra condición de pre-esqueletos.

DON ANTONIO (Machado), LA LOLA Y LO QUE SE DEJA CUANDO SE ELIGE

NO es ningún secreto para quienes me conocen que no me gusta Machado. Diría que incluso para quienes no me conocen de nada. O sí, conocen mi poesía. Una de las frases que más me llamó la atención de la crítica que hizo Ainhoa Sáenz de Zaitegui en El Cultural-El Mundo sobre “Topología...” fue: “El que quiera lírica que lea a Machado.

Aunque esto habría que hablarlo más despacio, uno de los problemas de la poesía española de la segunda mitad del siglo XX es haber tenido por padre a Antonio Machado.
Machado es contemporáneo de Oliverio Girondo, de Pessoa, de Aleixandre y, entre otros, de Wallace Stevens (13 años mayor que el portugués -el mayor- y 22 que que Stevens -el menor de ellos). Pessoa muere 4 años antes que él y Wallace Stevens 16 más tarde. Los otros fueron bastante más longevos. Quiero decir que en muy pocos años de diferencia hay una percepción abismal respecto a los caminos sobre los que debería transitar la poesía. La de los otros cuatro tiene los pies completamente firmes en el siglo XX, pero Machado aún la tiene en el XIX. Esa es una de las diferencias. Cuando Machado publica “Campos de Castilla” a finales de 1912 (por cierto en Renacimiento, y por cierto también este año se cumple el centenario) Wallace estaba ya escribiendo los primeros poemas de “Harmonium”, en 1919 ya había aparecido alguno y en 1923 se publicaría el libro completo.
Si la “oficialidá” hubiese tomado como ejemplo patrio a Vicente Aleixandre (sobraban más que motivos) otro gallo machadiano nos cantara. Pasó lo mismo con nuestro romanticismo. Se prefirió Bécquer a Rosalía, aunque me parece muchísimo más interesante la de ... (no sé qué me da poner "compostelana", Rosalía nació en tantos sitios), siendo, además, nuestro primer exponente de la "poesía social".
Podría escribir mucho más sobre esto pero ahora no tengo ganas. En realidad más que no gustarme creo que lo que me pasa con don Antonio es que me resulta antiguo, previsible en el uso de la retórica y otras artes, cosa que nunca me producen los demás. Sin embargo esta mañana, revolviendo en mi “Commonplace Book” encontré unas citas de vaya usté a saber cuándo, que me han llevado hasta Machado.
Leí “La Lola se va a los puertos” cuando tenía 15 años, cuando devoraba todo el teatro que en aquellos años oscuros podía encontrarse en las bibliotecas públicas. “La Lola se va a los puertos” es una obra de teatro escrita por Manuel y Antonio Machado y estrenada en 1929 de la que más tarde se haría la película (las películas, porque hubo -que yo recuerde- dos, una de Juan de Orduña en 1947 y otra, a la que me refiero, magnífica, de Josefina Molina en 1993, con Rocío Jurado, Jesús Cisneros y un glorioso Paco Rabal). Un alarde de cine español. El guión ofrece una belleza literaria y una profundidad psicológica de los personajes magistral.
No sé a dónde quiero llegar. Porque si lo que pretendía era rehabilitar ante mí mismo a don Antonio, la verdad es que lo pongo de nuevo en duda. Los diálogos originales están escritos en ese machacón ritmo octosílabo tan machadiano que aburre a las almejas. Así que la labor de actualizar el texto para el guión ha tenido que ser una tarea. Pues eso, que a mi me pasa lo mismo que a la Lola, que no sé a dónde quiero ir. Ella al final se marchó de la Andalucía opresiva de Machado y de Aleixandre para ir a hacer las américas, donde Girondo y Stevens. A lo mejor me estoy inventando que partieron de Lisboa.
De ese guión rescato las citas de mi “Commonplace Book”. Por si no recuerdan, la escena es esta: Jesús (un guapísimo Jesús Cisneros que hace de hijo de un terrateniente hijolagranputa donde los haya que encarna prodigiosamente Paco Rabal) está en ¿la cama? -no recuerdo- con Lola, mucho mayor que él (famosa cantaora gaditana de armas tomar y de la que tanto el padre como el hijo están enamorados hasta el tuétano. No sabría decir en realidad quién de los dos la quiere más al final). Jesús quiere a toda costa que se escapen juntos y le dice que hará lo que ella quiera (el diálogo completo -que no reproduzco porque no lo he anotado- es una preciosidad):
Jesús: “Vámonos Lola”
Lola: “Tú eres tan guapo...
y yo estoy tan cansada....”
Jesús: “(…) haré lo que tú quieras”
Lola: “Lo que yo quiero son 20 años menos para decirte que sí”
Jesús: “Entonces... ¿no soy nada para ti?
Lola: “Sí, lo que se deja cuando se elige”

El POR QUÉ DE LAS COSAS Y EL FRACASO ESCOLAR

No salgo de mi estupor. Me pasa lo mismo que cuando aparecían en la tele Sara Montiel o Raphael. Era incapaz de cambiar de canal aunque tuviese el dedo puesto sobre el botón. La observación de la estupidez humana me bloquea. Mi cerebro se detiene y permanezco absorto en aquello que me resulta indiscernible. En el instante mismo en que he escrito la línea anterior he creído comprender, por fin, qué es lo que sienten los creyentes delante de una estatua de escayola. Otro de esos misterios insondables que asolan mi estúpido cerebro.
A lo que iba. Estaba yo leyendo un periódico en la internete cuando ¡oh, mira qué bien, una apuesta didáctica! “El por qué de las cosas”, un video blog de la sección de ciencia (así lo define el propio periódico).
“¿Por qué conviene bajar las persianas en invierno”, es el título del capítulo de hoy. Lo vi entero. Como pensé que se trataba de una inocentada pasada de fecha vi los otros. Son seis entregas. (Aquí tendría que venir un densísimo y laaaaargo silencio).
La escena es esta: después de la publicidad, mucho más interesante incluso para mí que odio la publicidad, aparece un señor delante de una pizarra con una tiza en la mano (“sección de ciencia”, ¿se acuerdan?)
“Las casas en España ...” y va y pinta una casa mucho peor que lo haría cualquier niño de una guardería. Le pone su gorrito a la casa ¡qué cosa más bonita! Luego para que quede más tierno le pinta las ventanas. Y la “refinitiva” ya es cuando se pone a “pintar” la persiana (hay que recordar en este punto que el videoblog de ciencia de hoy va sobre por qué hay que bajar las persianas en invierno). Como no daba crédito a lo que estaba viendo, en mi soledad a veces me cuesta discernir entre lo que me pasa realmente y lo que pienso (como si hubiese mucha diferencia), puse otro:
“¿Por qué calientan la comida los hornos microondas?”
Puffff, a ver por dónde empiezo. Cuando pinta la barrita de pan y el filete de carne es enternecedor, de verdad. Pero lo estropea cuando nos hace la revelación del siglo: “todos los alimentos tienen agua”, y entonces escribe con mica sobre la pizarra la palabra agua (mientras la va diciendo) y ¡oh, alarde de la ciencia! pinta el signo de “igual” y escribe “H2O”. Ahí tengo que reconocer que se me saltaron las lágrimas. Y cuando nos advierte del peligro de que salgan fuera del microondas las ondas... ¡mecachis! qué susto. Menos mal que nos advierte inmediatamente “que es muy difícil que salgan porque está hecho para que no salgan” (sic. Absolutamente sic).
El video científico “por qué ahora llega el invierno de golpe” es, como dicen en Andalucía, ¡pa vehlo!
El patetismo de observar cómo va escribiendo con la tiza sobre el encerado las palabras que dice, exactamente igual que hacía la maestra que yo tenía en el año 62, es indescriptible. Una sola idea, tan demasiado simple, repetida varias veces con las mismas palabras para ocupar el tiempo que pierde en intentar hacer un mal dibujo infantil que represente la idea. Continúo igual de estupefacto.
Y es que una imagen dice más que mil palabras y este profesor universitario lo tiene grabado a fuego en su ADN. Sí, porque lo más... no sé cómo llamarlo, no encuentro adjetivos, es que este buen señor es catedrático de física en no sé qué universidad. Y no hay que ser muy inteligente para saber que lo que está haciendo en este video es emular el método de sus magníficas y revolucionarias clases universitarias en materia de ciencia. En serio, esto hay que hacérselo mirar.

La última vez que fui a la universidad fue en 2007, Politécnica de Valencia, en el segundo intento absurdo por terminar un máster. El primero había sido en 1995, Complutense de Madrid, y no pienso volver jamás salvo que sea para hablar sobre mí mismo, que es la única materia en la que tengo alguna autoridad.
Digo esto porque los métodos siguen siendo los mismos que los de la maestra franquista que tuve en los años 60. Y si yo, con mi edad, es decir, con una configuración cognitiva un poco antigua, me aburro hasta la muerte, qué no les pasará a los jóvenes y niños que nacen con un iphone (o como coño se escriba) en sus tiernas manitas.
Leo en los periódicos que la mayoría de los coles tienen ordenadores. No puedo desmentirlo y tampoco me importa. Pero sé que algo falla. A mí también me enseñaron con la tiza y también me aburría en muchas clases. Pero en otras la fascinación por lo que se me estaba diciendo era tal que el timbre que marcaba el final de esa hora y el comienzo de la siguiente asignatura tenía el efecto de un despertador. Salía como de un sueño. Pero la tiza seguía siendo la misma. ¿Entonces... qué sucede? ¿Al final va a ser todo tan sencillo como la capacidad del ser humano por captar la atención con algo que unos tienen y otros no? ¿Cierta capacidad para deslumbrar y seducir con la palabra? ¿Algo tan antiguo como la propia condición del “ser humano” es más eficaz que cualquier tecnología?
Todo lo que he escrito hasta aquí no vale nada.



EL ÚTERO DE LA INCERTIDUMBRE


Un pequeño gesto, como todos los gestos que de forma inapreciable vuelven a unir de pronto todas las conexiones neuronales que se han ido formando con nudos apretados en la infancia, ha desplegado debajo de mis ojos un mapa topográfico que descifró, o me hizo recordar, que ya sabía lo que ese gesto me estaba desvelando.
Muchas veces los recuerdos se nos ofrecen como pistas, como migas de pan, para volver a algo que ni existe en el momento real que lo produce ni ha existido nunca en ese territorio al que quieren conducirnos.
He abierto el pozo. He dejado caer, al final de la cuerda, un cubo de zinc, el cubo, ese cubo que es todos los cubos, sobre la superficie circular del agua. He llenado el tubo de ensayo que Inés Marful me envió para su proyecto mágico: Water Memorial. Ya tienes tu agua, Inés, ahora le queda hacer el viaje más extraño de su milmillonaria existencia. Lo hará metida en un sobre.
Ese gesto, decía, me ha hecho recordar algo que para la inmensa mayoría será extraño. Al ver mis propios ojos reflejados en el fondo del pozo me he dado cuenta de que ese reflejo me ha acompañado siempre.
Todas mis casas han tenido un pozo.
A los 5 años ayudé a construir el primero. "El trabajo del niño es muy poco pero quien lo desprecia es un loco", decía mi madre", así que me dieron una pala y estorbando más que ayudando me hicieron partícipe de la revelación de que, al cavar , debajo de la sólida tierra corría el agua. El niño no sabe cómo llega, ni de dónde, ni hacia dónde, ni por qué esa insistencia en querer acercarse a la superficie pero no atreverse nunca a traspasarla. Muchos años después descubriría que el hombre también lo ignora. Se engaña tratando de explicarse al designar cosas que no deben tener nombre: acuífero, fuente, manantial, sistema pluviométrico ... Para un niño de cinco años estas cosas tan simples son milagros y esa locución adverbial lo explica todo.
Cuando mis padres se fueron de esa casa y compraron otra más cerca de Gijón lo primero que se hizo, antes que la casa, fue otro pozo. Este conoció la mecánica de las bombas de extracción. Pero el cubo de zinc y la cuerda colgando de la roldana, no sé si como adorno, como símbolo o como recordatorio del esfuerzo, formó parte indisociable de la escena. Pero ser consciente de que es posible y mucho más hermoso, antes que abrir un grifo, romper la quietud del agua, su silencio, ver esa luz extraña del fondo de los pozos que en realidad, como sabía muy bien Claudio Rodriguez, viene del cielo, es realizar un viaje simultáneo hacia todos los tiempos.
Los millones de seres que habitan las ciudades están privados de estas cosas extrañas. Y sobreviven bien. Como los niños que creen que la leche y el zumo de naranja vive en los tetrabrik. Los ojos de la vaca, el olor del establo o del azahar les son perfectamente prescindibles. Y sobreviven bien.
Hoy me he dado cuenta, de esa forma en la que a veces se da uno cuenta que está vivo, de que la casa en que vivo tiene pozo. Se va cerrando otro círculo más. No me había percatado cuando la elegí de que tener pozo era una cuestión tan trascendente.
Otra de las revelaciones que produjo ese gesto fue volver a saber que el agua siempre había sido la misma, o mejor aún, que ese agua podría ser cualquier agua, una parte del todo o todo el agua. Y que no estaba aquí. Que no está aquí, que aunque vacíe el pozo y la malgaste sabe volver de nuevo. Ella elije las formas, probablemente vino como escoria de otra estrella, apagada, como se apagará todo lo que ahora brilla visto desde el espacio y de la tierra.
Eso es lo maravilloso del proyecto que propone Inés Marful. Podría ser agua del Nilo, del Himalaya, de cualquiera de los ríos de Australia, de cualquier mar, de un vaso que haya bebido alguien en un siglo inexacto de la historia, del cuenco de las manos del inexistible (me lo acabo de inventar, pero le va bien al texto) y primigenio Adán. Podría ser el agua que escapó de algún planeta de alguna otra galaxia. O no.
La incertidumbre es el único fenómeno de proporciones míticas al que tenemos acceso de forma cotidiana. Cuánto lo siento por los poetas de la certidumbre. Qué lástima que no sepan o quieran perderse en lo inexacto. Lo predecible mata o ya está muerto, es la matriz del aburrimiento.
“Sólo al agua le ha sido concedido el elevarse. Abandonar la tierra. Separarse del barro que endurece y afirma las pisadas de los hombres. Formar parte del cielo y alejarse. Huir sin dejar rastros... sólo el agua, alma sola, sin cuerpo, revive sin cadáver. Pero no tú, no yo, polvo con forma amasado en el fango de los días”.
Así, vertiendo el contenido de este tubo de ensayo que Inés Marful propone en su proyecto, ese pequeño gesto recompone todas las conexiones de este mundo. No importa dónde se eche, porque si quiere, si sabe, en su innecesaria inconsciencia, algún día, quizá por alguien muy distinto y muy distante a mí, pueda volver a ser sacada de mi pozo.

El Don de la obviedad

EL DON DE LA OBVIEDAD.

Conocí a Nicanor Parra en Chile hace ya muchos años. Nada grave, otro más de esos absurdos encuentros donde hacen agenda los poetas. Entonces ya era un dios, muy por encima, a distancia de luz, del todavía gonzalo rojas con minúscula.
Yo, que seguía siendo analfabeto, conocía muy de lejos (a 10.135 km exactamente) la poesía de Parra (pero ¿cuál de las poesías que hay en Nicanor?) y a la vuelta de Chile seguía siéndome igual de innecesaria. Es necesario respetar los gustos de todo el mundo. Estoy seguro de que al jurado le gusta la poesía de este hombre, pero a veces también pienso que en los Grandes Premios pesan mucho otras circunstancias: cierta proximidad al más allá (en el que la mayoría no creen), ciertos complejos ideológicos que en ocasiones se tiene la debilidad de reparar, y otras se dan al peso. Al peso de la obra en kilogramos, quise decir.
Ahora resucitan todos los empolvados videos de este poeta chileno y lo que antes parecía cabriola, ocurrencia, pataleta izquierdante, ahora le parece a todo el mundo otra gran genialidad de un gran genio desapercibido. Es lo bueno que tienen los grandes premios. Saben hacer grandes a los pequeños y hacen disfrutar a los pequeños de la grandilocuencia que mana y se mama de los medios informativos (es un buen nombre este de “medios” informativos. Sólo en términos medios se mide lo mediocre).
Aunque ahora sea menos fiel a la medida y al tedioso sonsonete endecapléjico sustentado silábicamente en adjetivos (el poeta, afortunadamente, ya no utiliza la doble adjetivación para que le salga un endecasílabo “la venenosa luna miserable”) aunque a veces le resbale la medida (“Qué os parece mi cara abofeteada”) seguirá sin ser necesaria para mí su poesía. Pero está bien que otros que no la conocían se planteen cómo fue posible su vida sin saberlo. Yo podré subsistir, que nadie se preocupe. Ya me he acostumbrado a vivir en este mundo sucesiva y sucesoriamente monográfico.
Mucho me temo que vamos a estar subidos a la parra un año entero. Y bebiendo de un vino que no sabe emborrachar. El Don de la ebriedad sustituido por el de la obviedad.
Ya sé que me he ganado uno cuantos inadeptos más. Es lo que tiene... uno se queda calvo de leer según qué cosas.


EPITAFIO

Yo soy Lucila Alcayaga 
alias Gabriela Mistral 
primero me gané el Nobel 
y después el Nacional
a pesar de que estoy muerta 
me sigo sintiendo mal 
porque no me dieron nunca 
el Premio Municipal


                                            Nicanor Parra, de Poemas para combatir la calvicie.

NI UNA PALABRA MENOS

La certeza de lo vacío:
Una reseña de Poesía ante la incertidumbre,
por Eduardo Moga

La sola visión de Poesía ante la incertidumbre nos depara diversos asombros: el primero, que sea una antología sin antólogo, constituida por la reunión anónima de varios autores españoles e hispanoamericanos; y el segundo, que reúna a ocho nuevos poetas en español, como reza el subtítulo, de los que uno ha fallecido ya, dos rozan los cuarenta años —y cuentan, entre ambos, con más de una docena de títulos publicados— y todos los demás, excepto uno, se encuentran en la treintena, con asimismo dilatados currícula. Pero la incoherencia de considerar nuevos a venerables paterfamilias, que han publicado más que Mario Ángel Marrodán, es solo una más de las muchas incoherencias del libro, y no la peor. Porque el asombro inicial se convierte en estupor al leer el prólogo, «Defensa de la poesía», que, carente de firma, suma un nuevo anonimato al volumen: si Poesía ante la incertidumbre es una antología sin antólogo, este es un prólogo sin prologuista. Y también un manifiesto embozado, en el que los nuevos poetas se revelan viejos: abogan por los mismos principios que formularon hace treinta años —y que han defendido desde entonces con imprescriptible ardor— los llamados poetas de la experiencia en España, y lo hacen incluso con las mismas palabras. Uno no sabe qué resulta más deplorable: si la repetición párvula de lo ya sabido o la inanidad conceptual de la proclama. Después de tres décadas de estragante figurativismo, y cuando uno ya lo creía extinguido, felizmente, aparece esta juvenilia psitácida que nos recuerda que las cosas siempre pueden empeorar. Los autores de Poesía ante la incertidumbre se plantan ante la incertidumbre —como si fuera mala: muchos, como Emily Dickinson, solo encuentran apoyo en lo inestable— y enuncian su dictado: hay que despejarla con una poesía comprensible, alejada de artificios y oscuridades, que emocione; con una poesía de la calle, en tejanos, o, como diría Mariano Rajoy, propia de las personas normales. Los poetas realistas, como los recogidos en esta antología, se aferran a la inteligibilidad como un náufrago a su pecio: les salva la vida, pero no se puede decir que naveguen. Nunca han entendido que entender, en poesía, es un entender distinto del que desplegamos cuando consultamos el catálogo de Ikea, ojeamos una reseña de García Martín o realizamos cualquier otra actividad intelectual intrascendente: la comprensión meramente funcional —«informativa», la llama Gamoneda— no se aplica, o no se aplica por entero, a un lenguaje cuyo propósito es estético, y que, por lo tanto, apela a los estratos sensoriales, lúdicos o irracionales de la comunicación. Y, así, si uno experimenta ese placer estético con un poema de Paz o de Perse, de Valente o de Aleixandre, aunque no lo comprenda lógicamente, es que lo ha entendido. Para defender el imperio de la claridad, los poetas ante la incertidumbre recurren a las denuncias y los tópicos habituales, como el del charco enturbiado para que parezca profundo —una memorable aportación de Juan Manuel Roca, que no ha considerado indigno sumar su nombre, con el texto de la contracubierta, a este proyecto—, sin reparar en que también existen los charcos transparentes, pero superficiales. Este es uno de los vicios recurrentes en el análisis de los poetas realistas: atribuir a los conceptos un sentido único, excluyendo todos los demás. Por eso entender es acceder racionalmente, y no comprender mediante los sentidos, la intuición o el sueño, esto es, cuanto constituye el envés psíquico del ser humano, pero tan común, tan real, como sus edificaciones lógicas; o por eso emocionar es suscitar el desperezo sentimental de la gente corriente, en lugar de promover cualquier otra suerte de goce subjetivo, ya sea afectivo o intelectual (¿Mallarmé emociona? ¿lo hace Pound?). Pero los poetas ante la incertidumbre, siguiendo el ejemplo de sus mayores, no se limitan a reducir los significados, sino que también reducen a los interlocutores. Así, quienes experimentan con el lenguaje son unos histéricos, y los que buscan la novedad, unos ingenuos; y quienes escriben poemas que les resultan ininteligibles, o son unos ineptos o unos pedantes, o carecen de ideas o, peor aún, de «latido», es decir, de humanidad. A todo discrepante, a todo aquel que conciba la poesía de otro modo, se le niega la condición de ser equilibrado y vivo, se le deshumaniza, y, por consiguiente, se le expulsa del debate y del mundo.

Junto a estos alegatos pueriles y estas elucubraciones perversas, los poetas de la antología incurren en no pocas incongruencias estéticas. Se declaran admiradores de Ángel González, Luis García Montero o Mario Benedetti, entre otros, para, a continuación, sostener que «siguieron (...) la tradición literaria» de Alberti, Vallejo, Neruda, García Lorca, Cernuda y «el primer Octavio Paz»; y uno se pregunta, consternado, dónde estará la herencia de Vallejo en los cancioneros de Benedetti, la del Canto general en los gorjeos particulares de García Montero, o la de Un río, un amor en las humoradas de González. También afirman creer que «una de las misiones de la poesía es enfrentarse al poder», un propósito loable, aunque no entendamos cómo puede alardear de rebelde quien ha ganado tres veces el premio nacional de poesía de su país, como el salvadoreño Julio Galán, quien ha obtenido varias becas de las instituciones culturales del Estado, como el mexicano Alí Calderón, quienes dirigen el Festival Internacional de Poesía de Granada, como los españoles David Rodríguez Moya y Fernando Valverde, o quien ha formado parte del comité organizador del Festival Internacional de Poesía de Medellín, como la colombiana Andrea Cote; y aunque creamos que la verdadera forma de oponerse a la manipulación colectiva no es acomodarse a los valores de la mayoría, ni adherirse a los discursos segregados por las instituciones o los conglomerados de poder, sino impugnar el principal mecanismo de representación del mundo y de construcción de la realidad: el lenguaje.
Pese a estas disparidades, es preciso reconocer que los poetas de Poesía ante la incertidumbre comparten algunos rasgos, bien extraliterarios, como que cinco de los ocho antologados hayan publicado en la editorial Visor, bien lingüísticos, como su gusto por la tautología y la repetición: «el mundo será el mundo y la noche la noche», dice —y repite— Galán; o bien «la palabra “encontrar” dice lo que dice», puntualiza, inobjetablemente, la argentina Ana Wajszczuk, ganadora del premio Ciudad de Badajoz. Muchos de ellos combaten la incertidumbre creyendo en Dios, una actitud quizá revolucionaria en tiempos del profeta Malaquías, pero escasamente subversiva en esta época en la que los legionarios de Cristo son pastoreados por un pedófilo o un antiguo inquisidor general se sienta en la silla de Pedro. Galán, por ejemplo, escucha las palabras del Señor y siente su beso arder en la frente; Cote nos recuerda que «Dios está en todas partes»; y Calderón se atreve a criticarlo: «da la llaga/ oculta niega tarda». Otra de las características comunes a muchos de los autores anteincertidúmbricos, tan rompedora como la fe cristiana, es su amor por la familia. Casi todos recuerdan con melancólica ternura a sus padres, y, en particular, sus jolgorios adolescentes, que en ocasiones admiten la calificación de memeces estivales, normalmente acaecidas en una playa. En esto descuellan los representantes españoles, fieles al canon pasatista de la poesía de la experiencia. En concreto, varios autores —Wajszczuk, Rodríguez Moya, Valverde— revelan su pasión por los abuelos, a la que algunos suman la que sienten por los pelícanos. Así, Valverde se pregunta: «¿recuerdas cómo mueren los pelícanos?», y descubre que «los niños de Managua sueñan con ser pelícanos»; Calderón, no menos ornitológico, observa que «las alas del pelícano sajan la claridad del lago».
Hay también en estos poetas ante la incertidumbre mucha ñoñería impúber, mucho romanticismo de garrafón: la española Raquel Lanseros se muestra especialmente apta para el verso glucoso («Juana hace llorar y también llora/ lágrimas plateadas que sueñan con delfines...»), aunque Wajszczuk no le vaya a la zaga («los pececitos me lamen los pies», «tejiendo flores en mi pelo de almendras») y Rodríguez Moya nos regale perlas como «los días se suceden como alondras». Calderón, en fin, si no es paródico en «[Pobre Valerio Catulo]», es patético: «fue siempre Lesbia,/exquisito poeta, caro amigo,/ un reducto inexpugnable./ A qué recordar su mano floreciente de jazmines/ o aquellos leves gorjeos/ sonando tibios en tu oído?...». La falacia sentimental y la cursilería se asocian a veces al tópico (Calderón describe a un «jaguar/ que sigiloso/ acecha») o a la imperita recreación de otros textos, como hace Rodríguez Moya en «La bestia (the American way of death)» con el célebre «Mujer con alcuza», de Dámaso Alonso. Este poema nos permite señalar otra curiosa coincidencia entre estos vates, que es también una nueva contradicción entre su teoría y su práctica. Hasta cuatro de ellos —Galán, Lanseros, Rodríguez Moya y Calderón— incluyen títulos o subtítulos de sus poemas en inglés (y Wajszczuk, uno en polaco), y confieso mi incapacidad para entender cómo se aviene esta pasión por la poliglosia con la voluntad de ser comprendidos, a menos que crean que todos sus lectores conocen la lengua de Shakespeare (o la de Szymborska). De hecho, se trata de un rasgo novísimo, como también lo son las intertextualidades y el culturalismo de que hacen gala Lanseros, que menciona en sus poemas a Ícaro, Nefertari, Maiakowski y Prévert, entre otros, y Calderón, que se emborracha de Clodias y Catulos, que cita a Ausiàs March en catalán, o que pergeña borgianos ejercicios en «Alguien que no soy yo...». Curiosamente, en su manifiesto prologal defienden no ser novísimos y reprueban los «juegos de estilo», las «oscuras construcciones lingüísticas» y el «artificio estéril y soso», reprobando así, de paso, a Góngora, a Lezama Lima, a Faulkner y a media comunidad literaria universal. Uno se pregunta, entonces, si estos denuestos no deberían recaer, en primer lugar, en el compañero Alí Calderón, que firma numerosos ejemplos de artificio innecesario y hueco barroquismo, o incluso de aventuras vanguardistas, que rozan lo hermético, como «Cuando cieno bruma y nada uno son...».
Hay otros rasgos específica y penosamente experienciales en esta poesía ante la incertidumbre: los recuerdos que despiertan las fotos antiguas, en los que se solaza Rodríguez Moya; las no menos nostálgicas cogitaciones suscitadas por un cigarrillo que se consume, como acredita el nicaragüense Franciso Ruiz Udiel; el frenesí cosmopolita de los viajes, de cuyas fatigas se recobra el poeta en hoteles de cuatro estrellas, como relata Valverde; y el gusto por los jeans —coherente con la defensa de la «poesía en tejanos» preconizada por los experienciales— con los que Calderón viste, en dos poemas, a Lesbia. Por último, la incertidumbre ante la que se sitúan estos poetas es también una incertidumbre sintáctica, como se advierte en los anacolutos de Wajszczuk («tengo [...]/ una guía turística/ de lugares que no sé pronunciar el nombre») o los arcanos constructivos de Cote («Pues el silencio,/ que no el bullicio de los días,/ atraviesa./ El silencio,/ que es que son treinta y dos los ataúdes/ vacíos y blancos»).
Poesía ante la incertidumbre no es, en realidad, una propuesta literaria, sino una operación editorial. No hay nada en sus páginas que no hayamos escuchado y leído, hasta el hartazgo, en el último cuarto de siglo. Y, precisamente cuando ese discurso amojamado y retrógrado había decaído, para dar paso a un panorama poético más ecléctico e inquisitivo, uno de los principales sellos que promoviera la autocracia figurativa impulsa, con gran aparato publicitario, este ramillete de autores imperitos, calco sin sustancia de lo ya habido, entre los que predominan los hispanoamericanos. Quizás aspire con ello a propagar nuestro áptero realismo en unos países que se habían mantenido saludablemente alejados de él. Ojalá sigan estándolo.
EDUARDO MOGA
[VV. AA., Poesía ante la incertidumbre. Antología. (Nuevos poetas en español), Madrid, Visor, 2011, 158 pág.]
Fuente: DVD
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Flores en la cuneta en EL CULTURAL-El Mundo (08-01-10); Francisco Díaz de Castro

Reseña en El Norte de Castilla, por Carlos Aganzo

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ENTREVISTAS

ENTREVISTAS
Diario de Las Palmas

Revista Ambito Cultural -El Corte Inglés- por Marta Agudo