Comentario de Emilio Porta a "Los círculos concéntricos":

"Alejandro Céspedes es, sin duda, un poeta notable, de reconocido prestigio y amplia trayectoria, que demuestra, en toda su obra, un gran conocimiento de los géneros literarios, tanto en verso como en prosa. Con este libro de tan bello título, ganador del XIX Premio de poesía “Blas de Otero", nos demuestra cómo la palabra puede dar vida a la poesía lejos del verso clásico, componiendo un extraordinario alegato interior fuera de la versificación utilizada normal- mente. Con ello sigue la senda que, en su día, marcaron y exploraron poetas como Vicente Aleixandre y Jorge Luis Borges, dando una nueva dimensión a la expresión lírica".

Flores en la cuneta en EL CULTURAL-El Mundo (08-01-10); Francisco Díaz de Castro

LA CRÍTICA HA DICHO:

Página del libro "Flores en la cuneta"

Página del libro "Flores en la cuneta"
Pinchar para acceder

COSAS QUE PASAN...

Entrevista para Ambito Cultural, por Marta Agudo. Enero 2010 http://www.ambitocultural.es/ambitocultural/portal.do?IDM=2&NM=2&identificador=91

Reseña "Flores en la cuneta" en "Andalucía Información"; por Jorge de Arco (04-02-2010): http://www.andaluciainformacion.es/portada/?a=107687&i=8&f=0&b=1029#leermas

Alejandro Céspedes se incorpora al equipo del Programa de radio Definición de savia, del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Diciembre 2009. http://www.elpais.com/articulo/madrid/Necesitamos/savia/elpepuespmad/20100108elpmad_11/Tes
Reseña de Flores en la cuneta, por Juan Ramón Mansilla (también en el nº 3 de la revista "Hilos de araña") diciembre 2009 http://franciscocenamor.blogspot.com/2009/12/juan-ramon-mansilla-habla-sobre-flores.html

Un círculo desasosegante (pinchar para leer): crítica de "Los círculos concéntricos", por Miguel Rojo (21-11-09).

Un naufrago constante: http://www.elcomerciodigital.com/20091128/cultura/naufrago-constante-20091128.html Entrevista: por Alejandro Carantoña (28-11-09).

Los círculos concéntricos Premio de la Crítica de Asturias, octubre 2009.

Flores en la cuneta XXV Premio Jaén de Poesía, septiembre 2009.

Descarga gratuita de la obra publicada hasta el año 2008

Sobre andamios de humo y Los círculos concéntricos recogen toda la obra publicada por Alejandro Céspedes desde 1979 hasta 2008.
Estos dos libros pueden descargarse completamente y de forma gratuita pinchando en los enlaces laterales situados debajo de las portadas de ambos libros.
Estas obras están protegidas y no está permitida su descarga para fines comerciales, salvo con autorización expresa y por escrito del autor.

Contenido de esta página

COLUMNA CENTRAL:

1.- Enlaces a la página de cada libro (selección de poemas, críticas, etc.)

2.- Algunas reseñas, entrevistas, críticas, etc. publicadas sobre la obra de A. Céspedes (relación con algunos enlaces directos)

3.- Lectura de todas las reseñas, entrevistas, críticas, etc. relacionadas en el punto 1º (se pueden descargar los originales digitalizados o en PDF)

4.- Recortes de prensa
5.- Entrevistas
6.- Estudios sobre la obra de A. Céspedes
7.- Álbum fotográfico.

COLUMNA LATERAL:

1.- Enlaces desde donde se pueden comprar los libros
2.- Registros sonoros: grabaciones de lecturas y entrevistas
3.- Perfil: breve bio-bibliografía
4.- Portadas de libros y descargas en PDF
5.- Enlace a una selección de poemas
6.- Enlaces: otros artículos sobre el autor y su obra
7.- Otros enlaces.

SELECCIÓN DE POEMAS. Página de cada libro, con críticas, etc.

De Flores en la cuneta http://floresenlacuneta.blogspot.com/

De Los círculos Concéntricos:

http://loscirculosconcentricos.blogspot.com/

Sobre andamios de humo http://www.sobreandamiosdehumo.blogspot.com/ es una recopilación de todos los libros que siguen:

De Hay un ciego bailando en el andén:
http://hayunciegobailandoenelanden.blogspot.com/

De Y con esto termino de hablar sobre el amor (incluido en "Sobre andamios de humo") http://yconestoterminodehablarsobreelamor.blogspot.com/

De Las palomas mensajeras sólo saben volver:http://www.laspalomasmensajerassolosabenvolver.blogspot.com/

De James Dean, amor que me prohíbes: http://www.jamesdeanamorquemeprohibes.blogspot.com/

De La noche y sus consejos http://www.lanocheysusconsejos.blogspot.com/


CRÍTICAS, RESEÑAS, ENTREVISTAS... QUE PUEDEN LEERSE EN ESTA PÁGINA:

EL CULTURAL-EL MUNDO (8-1-10), Francisco Díaz de Castro. BABELIA - EL PAÍS, Manuel Rico. CLARIN nº 78: Herme G. Donis. Hilos de araña: Juan Ramón Mansilla. REVISTA DE LETRAS: Agustín Calvo Galán: "Flores en la cuneta" y "Los círculos concéntricos". EL COMERCIO, Miguel Rojo. Luis García Montero. José Infante. Andalucía Información: Jorge de Arco. Suplemento de Cultura DIARIO MONTAÑES: Carlos Alcorta. CLARIN: José Luis Morante. Suplemento de Cultura LA OPINION DE TENERIFE http://suplementos.laopinion.es/material/pdf/2008/11/20081115_2_10.PDF : Pedro Flores. PUBLICACIONES DEL SUR: Jorge de Arco. El Cultural-EL MUNDO: Lort Varo. ABC Literario: J.M. Barrera. BABELIA -EL PAIS: Carlos Ortega. GUIA DEL OCIO de Madrid: Santiago García López. La Nueva España, artículo. RESEÑA: Rafael Alfaro. EL CIERVO: Luis Fernández Zaurín. SUR MADRID: Vicente Presa. ABC Literario: Víctor García de la Concha. LA GACETA UNIVERSITARIA. DIARIO DE MALLORCA. EL CORREO ESPAÑOL-EL PUEBLO VASCO: Amalia Iglesias. EL COLECCIONISTA: Jordi Doce: entrevista. LA HOJA DEL LUNES: Juan Ignacio González: "James Dean..." LA VOZ DE AVILES: Marián Suarez. Antonio Daganzo: Estudio sobre la poesía reunida de Alejandro Céspedes. Manuel López Azorín. El País: El empuje de los escritores del Sur. El Comercio; artículo. El País, artículo. El País; noticia. Madrid Sur, Entrevista. Rey Lagarto.
RESEÑAS, CRITICAS, ENTREVISTAS AL AUTOR:
Se pueden leer las críticas pinchando sobre los artículos.

EL CULTURAL-EL MUNDO(08-01-10): Flores en la cuneta. Francisco Díaz de Castro

Titulares:

"Este libro excelente, tan sugestivo como intenso, viene a constituir una aportación muy interesante a la posible nueva objetividad poética".

"La intensidad analítica del sentimiento, el carácter narrativo básico de su discurso, la riqueza de imágenes y el cuidado de la precisión expresiva son algunas de las constantes de los poemas de este libro".

"Destaca, ante todo, la unidad de sentido de "Flores en la cuneta", hasta el punto de poder leerse como un solo poema polifónico en secuencias narrativas aglutinadas por el sentimiento de desolación".


BABELIA – EL PAIS 4 de octubre de 2008
Sobre Andamios de humo, poesía 1979-2007. Manuel Rico





Titulares:

"La publicación, en 1985, de James Dean, amor que me prohíbes, su primer libro, mostró ya a un poeta maduro, empeñado en construir textos basados en una memoria íntima activada a partir de referentes culturales filtrados por la experiencia".

"Poesía en la que el lenguaje está al servicio de un poderoso núcleo emocional y de una permanente lucha por afirmarlo".

"En esta obra se ve la voluntad de su autor por afinar al máximo su emocionada (y honda) poesía de antes para el lector de hoy".

CLARIN nº 78 Noviembre-Diciembre 2009. Los círculos concéntricos, por Herme G. Donis
LA VOZ DEL SILENCIO




Titulares:

"El libro, elaborado con la dedicación, paciencia y cariño de un orfebre, relata la trágica historia de Aurora. Céspedes se expresa a través de una serie de fragmentos encadenados entre sí sin ningún tipo de fisuras, poseedores de una palabra justa e irremplazable".

"Ningún fragmento de este libro nos deja indiferentes. La voz de Aurora, con veracidad y emoción, nos sumerge en su mundo de silencios y misterios que según nos van siendo revelados nos conmueven y estremecen".

Titulares:
Céspedes construye un poemario homogéneo y rotundo, capaz de provocar espasmos, lacerante, que retuerce el lado brillante, y a menudo falsario, de la vida. La carretera se torna metáfora de la vida tal cual, sin remilgos. De ahí su contundencia.
Flores en la cuneta es un libro arriesgado y sin concesiones, en el lenguaje, en su composición estrófica, en sus imágenes. Pero también un libro destellante, emotivo, crudo. Crudo porque provoca algo poco convencional: pensar. Crudo también porque no acaricia la piel sino que araña las vísceras.
Juan Ramón Mansilla; Hilos de araña, nº 3


Suplemento Cultural de El Comercio, 21-11-09
Un círculo desasosegante
:
Critica "Los círculos concéntricos", por Miguel Rojo.
(pinchar sobre la imagen para leer y agrandar el texto)



Revista de Letras: Flores en la cuneta, por Agustín Calvo Galán (Marzo 2010)
Extracto de la crítica: “Con Flores en la cuneta, Alejandro Céspedes reflexiona, de manera magistral, sobre las contradicciones de la vida contemporánea. El poeta reinventa desde el interior mismo del accidente, desde el pensamiento, la percepción y la vivencia del dolor, la pérdida, la extrañeza por lo sucedido, la extrañeza por uno mismo: la fragilidad de la existencia y, al fin, la muerte”.

Revista de Letras | Reseñas | 23.12.08
Revista de Letras, Los círculos concéntricos, por Agustín Calvo Galán

Extractos: "Desde el “yo soy otro” de Rimbaud, pasando por los heterónimos de Pessoa, la escritura como memoria ha tenido en la memoria ajena un campo donde la creación se expande hacia el infinito de nosotros mismos. Alejandro Céspedes visita con este libro la identidad de Aurora: un yo femenino que surge de las entrañas del autor. La construcción de esta identidad femenina se consigue gracias al recuerdo e implica también la existencia de un segundo personaje, al que Aurora se refiere únicamente en tercera persona y que se convierte en su otro, su contraposición. Alejandro Céspedes ahonda en un tema universal y siempre actual como es el horror dentro del hogar. No hay mayor sufrimiento que la confianza familiar truncada, el secreto infantil que se guarda inconfesable hasta la edad adulta o el diván de los sicólogos, pero tampoco personaje más extraordinario y sugerente como el que ha vivido experiencias traumáticas. El autor consigue hacer de su Aurora una memoria que se explica desde un lirismo alejado de lo común o de la poética al uso, con imágenes sabiamente elaboradas".

Luis García Montero: Texto de la presentación del libro “Sobre andamios de humo”, Delegación del Principado de Asturias en Madrid. 21 de mayo de 2008.

"Conozco a Alejandro desde hace mucho tiempo, aunque es verdad ya que de casi todo hace mucho tiempo. Pero yo lo conocí cuando los dos estábamos empezando a escribir, cuando los dos estábamos abriéndonos camino dentro de la poesía española allá por el principio de los años 80 y, si no recuerdo mal, nos conocimos de la mano de Ana Rossetti en un momento donde la poesía participaba en un impulso de transformación de la sociedad española que iba mucho más allá de la transformación política. De la transformación que suponía el paso oficial de una dictadura a una democracia. Se estaban transformando las costumbres y la palabra de los poetas participó seriamente en esa transformación. Y dentro de ese impulso poético que buscaba dar palabra a la transformación, conocí a Alejandro a través de la lectura de su libro “La noche y sus consejos”. Desde que lo conocí supe que era un poeta de verdad, alguien que dialoga en serio consigo mismo, alguien que tiene su propio mundo, que busca con sus propias palabras y que participa de los tiempos de todos en un diálogo profundo, serio, con él mismo y con sus convicciones. Creo que eso es lo que puede recordar el lector, o descubrir el nuevo lector de Alejandro en “Sobre andamios de humo” al leer la reorganización que ha hecho de su poesía desde el año 1979.

Aquí se encuentran los libros ya publicados, algunos de ellos muy difíciles de encontrar, así como “Y con esto termino de hablar sobre el amor”, donde ha englobado y reescrito sus publicaciones anteriores “Muchacho que surgiste”, “Tú, mi secreta isla” y “La noche y sus consejos”. Además a reunido “James Deán, amor que me prohíbes” y los dos últimos libros publicados por la editorial Hiperión “Las palomas mensajeras sólo saben volver “ y “Hay un ciego bailando en el andén”.

Conozco bien la poesía de Alejandro Céspedes porque he tenido la suerte de ir encontrándomelo y de ir encontrándome con sus libros, y a veces la fortuna también de haber participado en el jurado de algún premio que él gano con todo mérito.
Al volver a leer esta organización de su poesía lo primero que uno se pregunta es cómo envejecemos, cómo envejece con nosotros nuestra poesía, y la primera sensación que he tenido es que la poesía de Alejandro envejece muy bien, que mantiene su vitalidad y su vigencia y que no era una poesía que flotase en el ambiente de aquella época sino que nacía, se apoyaba, enraizaba en una calidad literaria muy personal.

Alejandro Céspedes pertenece a esa voz poética asturiana que ocupa un lugar muy sólido, importantísimo, dentro de nuestra poesía contemporánea que se empezó a gestar a principios de los años 80.

Desde luego sus poemas tienen aire de época -la poesía tienen mucho de educación sentimental, nos vamos haciendo a leer poesía y tenemos la ilusión de ir haciendo a los demás con nuestros propios poemas- y yo, al volver a leer “James Deán, amor que me prohíbes” he vuelto a muchas referencias de los años 80, a mucha ilusión en una transformación cultural que se llenaba de referencias culturalistas, pero muy integradas en la vida, muy integradas en un verso capaz de mirar a la vida de manera distinta a la vida cotidiana, inyectando un saludable aire de rebeldía y de desacralización de la cultura. El culturalismo de Alejandro, como el culturalismo de los buenos poetas de aquel tiempo que iban intentando transformar la sociedad, servía precisamente para desacralizar una idea de la cultura excesivamente pedante y excesivamente acomodada.

La voz de Alejandro siempre ha circulado por una libertad sentimental radical, por una capacidad metafórica para encarnar deseos y sentimientos personales en los paisajes de la ciudad, en los paisajes urbanos, en los paisajes de una vida muy propia de la etapa final del siglo veinte, en una sensualidad que ha marcado su mirada a la hora de relacionarse con la vida, con el cuerpo, con los cuerpos. Y junto a esa sensualidad, también encuentro una gran capacidad de reflexión. Digo junto a “esa” y debería decir luego de “esa” sensualidad hay una capacidad de profunda reflexión, porque la poesía sensual de Alejandro me parece muy inteligente en los momentos de plenitud, en los momentos de vitalidad, en algunos de los poemas que ahora se rescriben en “Y con esto termino de hablar sobre el amor” donde hay un comercio inteligente con la vida. Pero esa inteligencia está presente en los poemas de Alejandro también después -sobre todo después- por ejemplo cuando el cóndor se vuelve paloma mensajera. Esa era la metáfora inicial de su libro “La palomas mensajeras sólo saben volver“ que engloba todo el libro. Se vuelve paloma mensajera no por debilidad, no porque el cóndor de la gran poesía americana, nerudiana, de fuerte vocación colectiva se convierta en paloma débil, en paloma de la intimidad, sino porque hay algo más. Las palomas mensajeras, como reza el título, sólo saben volver y la poesía de Alejandro se fue interiorizando en sí misma y él fue cada vez meditando más en sus orígenes, en sus recuerdos, volvió a su pasado y ahí la sensualidad se puso al servicio de la recuperación de la infancia, de sus olores, de los sentimientos, en las atmósferas que podían marcar un territorio escondido en el fondo del tiempo.

Un paso más radical lo dio después en su libro “Hay un ciego bailando en el andén” porque ahí ya el presente se convierte definitivamente en la deuda que debemos pagar al pasado, y la perplejidad, la incertidumbre de ese baile de ciego, unido al vitalismo, se encauza hacia una búsqueda de los orígenes familiares, de los ancestros, de los Céspedes que, por supuesto, tiene que ver con la recuperación del origen, pero también con la toma de conciencia de que todo pasa, de que todo desaparece, de que estamos bailando y dialogando en el vacío con nosotros mismos. Alejandro se carga de una profundidad y de una inteligencia puesta al servicio de la sensualidad, y me parece que eso es muy destacable a la hora de conformar su mundo poético.
Me ha encantado volver a leerlo de manera ordenada porque he vuelto a establecer un diálogo estrecho con su poesía, me siento cómplice como poeta, por edad, por generación, de su manera de utilizar una palabra muy precisa, pero al mismo tiempo muy rica, de mantener un dialogo muy abierto, muy rico y muy libre con la vida y de no consolar nunca a la inteligencia con falsos remedios.

Presentar este libro es invitar a leer a Alejandro Céspedes. Yo le agradezco al Editor que haya publicado estos libros porque quizá hay muchos aficionados a la poesía, lectores jóvenes, que no han tenido la oportunidad de leer las primeras ediciones de estos libros y aquí tienen la ocasión de conocer una poesía muy buena de un poeta comedido que ha escrito lentamente una obra llena de calidad, una obra importante, sin traicionar nunca ese diálogo consigo mismo por el que empecé a respetarlo allá por los años 80 desde el primer momento que lo conocí.

A parte de invitar a leer a Alejandro esto me ha servido a mí para recordarme que hace ya demasiados años que no publica un libro nuevo. Si no recuerdo mal, su último libro es del año 1998 y va siendo hora. Además de invitarles a ustedes a leerlo, quiero a pedirle a Alejandro que publique lo antes posible esos poemas en los que sin duda ha estado trabajando durante todos estos años".
Luis García Montero



SOBRE ANDAMIOS DE HUMO: José Infante.
Poeta asturiano (nacido en Gijón) Alejandro Céspedes, que aparece en la fotografía junto a la escritora Ana Rossetti y a Marisa Calvo, pintora y viuda del gran poeta sevillano Rafael Montesinos, apareció en los años ochenta en el mundo de la literatura avalado por el Premio Hiperión. Publicó algunos libros y ahora, después de un largo silencio, reaparece de nuevo con un libro antológico: "Sobre andamios de humo". El libro, que se presentó en la sede madrileña del principado de Asturias, que ahora dirige Miguel Munárriz, estuvo introducido por Luis García Montero.

Leo, en estos días de lluvia inesperada y fríos retardados que parecen llevarnos contradictoriamente al otoño, los hermosos versos de Céspedes.
Recoge en este libro toda su obra publicada “La noche y sus consejos”, “James Dean, Amor que me prohíbes”, “Muchacho que surgiste”, “Tú, mi secreta isla”, Las palomas mensajeras saben volver” y “Hay un ciego bailando en el andén”.
En una de las partes de libro, la llamada “Y con esto termino de hablar sobre el amor”, Céspedes ha reescrito algunos de sus antiguos títulos. Poeta melancólico y elegíaco, Alejandro Céspedes, está en la mejor tradición de la poesía española que viene del 27, pasa por Cántico y por algunos poetas del 50, como Brines o Rodríguez y que continuó en lo mejor de la generación del 70 y los postnovísimos. Poeta de profunda dicción que vive el tiempo y el amor como una pérdida continua, intimista, meditativo, equidistante por igual de los llamados poetas de la experiencia y del postclacisismo de los años ochenta, Alejandro Céspedes es un poeta que habla del contenido de su corazón y aspira a que su corazón contenga todos los corazones. Una obra cuidada de lenguaje que no desdeña a veces la sentimentalidad, pero que no olvida nunca el papel imprescindible de la imaginación en el hecho poético.
José Infante

  Andalucía Información; Edición digital: Jorge de Arco
Titulares: 
"El verso de Alejandro Céspedes abriga en su decir un constante desafío frente a la palabra y a la existencia. Ahora, su cántico, se extrema y se afianza aún más,tras dar a la luz un espléndido libro en donde la desolación que provocan los accidentes de tráfico “cadáveres de animales, zapatos desperdigados y ramos de flores”), se torna protagonista de esta arriesgada apuesta".


Suplemento de Cultura. Diario Montañés. 21 junio 2008
Salvación y recompensa. Sobre andamios de humo.
Carlos Alcorta


Titulares:

"Alejandro Céspedes nos ofrece no una imagen parcial y tergiversada de sí mismo, sino depurada y verdadera. Estamos hablando de una poesía testimonial y, como tal, el poeta no se sitúa bajo el parasol de la tercera persona, sino que condensa toda la fuerza expresiva en la disección de un 'yo' moral, reflexivo y poco autocomplaciente".

"Un lector que acceda por primera vez a la obra de Alejandro Céspedes percibirá al instante la unidad de tono que, como una corriente subterránea, fertiliza la semilla que germina en estos poemas. No hay acrobacias o malabarismos en busca de un decir abismado o grandilocuente".

"Céspedes posee ese don imprescindible para un poeta, una voz intensa y personal, que encuentra dentro de sí el asunto de sus meditaciones".


CLARÍN; nº 47 Julio-Agosto 2008
José Luís Morante
LA OTRA ORILLA
Sobre andamios de humo.























SUPLEMENTO CULTURAL –
LA OPINION DE TENERIFE 15 de noviembre de 2008
Pedro Flores
La poesía habitable de Alejandro Céspedes


Han pasado diez años desde que Alejandro Céspedes publicase Hay un ciego bailando en el andén. Normalmente cuando un creador, máxime un poeta que antes de ese “silencio” había obtenido prestigiosos premios y editado en no menos prestigiosos sellos ve transcurrir tan relativamente largo período de tiempo entre una entrega y otra, ha de enfrentarse, inevitablemente, a la pregunta de rigor: ¿Por qué esa laguna, ese silencio, esa tregua? Es cierto es que diez años sin publicar poesía incide de diversas maneras en la poesía que se escribe, e incide en la manera de volver a abordar la propia obra. Creo que cuando Alejandro Céspedes hace balance, reúne el ajuar de su espíritu disperso hasta ese momento, ensambla las instantáneas del alma que, entre otras cosas, son sus libros, hay una voluntad de cerrar un ciclo, que es lo mismo que la voluntad de abrir un ciclo nuevo. En este tomo que recoge y revisa su obra publicada hay mucha labor de arquitectura: las diversas piezas, fases, libros que lo conforman son también un todo, una construcción; sólida, pero de ninguna manera rígida, sino luminosa y generadora de buena sombra a la vez, bien cimentada en el suelo pero de vocación aérea. Quizá no por casualidad ha titulado el poeta su obra reunida Sobre andamios de humo.
Al poeta Céspedes empiezo a no agradecerle el obsequio de su poesía pues tiene ésta una considerable capacidad de influencia. Estamos, y creo que es cada vez más raro encontrar esto en el actual panorama de las letras en muestro idioma, ante una casa, una poesía, habitable, un lugar que nos da la comodidad y la calidez de lo cercano a la vez que la dosis de misterio, de enigma, que ha de concitar toda buena poesía. A mi juicio, Alejandro Céspedes es un poeta capaz de hacer sentir “cómodos” a los seguidores de la poesía que se recrea en el lenguaje y a los que creen que ésta ha de sustantivar la imagen poética, a los devotos de una poesía que plantea un explicativo diálogo con la intertextualidad y los partidarios de una expresión más intimista.En el sótano, nada lúgubre, de ese “edificio” guarda sus materiales primigenios, sus hallazgos fundacionales. Allí empezó a urdir sus enigmas con James Dean, amor que me prohíbes, es tiempo de revisar esa época donde, cita el autor a Blake, el dulce amor era pecado, y hallamos al hacerlo un texto de renovada vigencia, un “sótano” al que bajar a buscar, jamás a enterrar, donde Céspedes no sé si fundaba, pero desde luego hubo de ser de los primeros en cultivar una forma de decir que conjugaba elementos, maneras y resonancias de la poesía clásica con las señas de identidad cotidianas y los emergentes iconos culturales de su tiempo.
Algo parecido se podría decir de Y con esto termino de hablar sobre el amor; tres libros en uno que viene a ser una suerte de primera planta. Textos de amor funambulista donde, otra vez, el poeta nos sacude y sorprende alternando, o más bien adoptando la voz de los clásicos a sus necesidades y expectativas poéticas, demostrando que la literatura no es un cadáver exquisito, sino una entidad viva, escribiendo desde la memoria, diciendo que nada es ajeno a la poesía y manejando magistralmente las referencias que suenan nuevas, vigentes otra vez en sus textos.

Luego nos invita el poeta en Las palomas mensajeras solo saben volver a adentrarnos en una geografía del dolor, un libro de una sobriedad punzante. Viene a ser este libro, esta estancia, una recopilación, una toma de distancia sobre los anteriores, una cabeza de playa en la recién inaugurada edad donde el recuerdo se empieza a equilibrar en la balanza con los sueños.
Libro minado todo él por las palabras memoria, recuerdo, tiempo, nostalgia, palabras mayúsculas, pero también terribles del idioma, en un libro que rezuma la belleza de lo inquietante. Alejandro Céspedes es un poeta que intercambia conciencia lúcida por paraísos eternos. Da la impresión, al leerlo que es un poeta que, al menos en lo literario, nació sin ingenuidades.

No hay tregua en la poesía de Alejandro Céspedes, no hay verso, poema ni libro que no exhale la firmeza, que no tenga esa altura que hay quien llama sobriedad pero creo que es intensidad. Como no llamaría yo a Céspedes poeta melancólico, pues no hay un segundo de languidez, de abandono bucólico en su poesía, no hay concesiones de esa naturaleza en Céspedes, y el lector de buena poesía lo agradece.
Al fin en el ático de este edificio “hay un ciego bailando...”, quizá para celebrar el final de este delirio arquitectónico. En él se reafirma el poeta en su obsesión borgeana por el paso del tiempo, por su enigma, por la dimensión nueva que este otorga a las cosas perdidas. Creo firmemente que estamos ante un poeta que, pudiendo dar otra impresión, es un veterano e irredento optimista; alguien que ejerce la alta poesía y sabe que quizá uno de sus secretos es la arcana ambición de redimir por las palabras.
Al fin y al cabo un tipo que levanta estructuras subido sobre andamios de humo tiene que ser alguien que sabe bien lo que se hace y debe ser, además de un magnifico poeta, un hombre optimista.


PUBLICACIONES DEL SUR 15 de septiembre de 2008
Jorge de Arco

En "Sobre andamios de humo" (Ediciones Vitruvio. Madrid, 2008), ha reunido Alejandro Céspedes el total de su obra poética, -a excepción de su reciente premio Blas de Otero, "Los círculos concéntricos"-

Este gijonés del 58, licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación, gestor y agitador cultural, y con siete poemarios a sus espaldas, abriga en su decir un constante desafío frente a la palabra y a la existencia que resuelve sabiamente con un verso acordado y sugeridor. Su universo lírico está salpicado de llameantes fragmentos, de inquietantes miradas, de dolientes retazos que, incesantes, lo asaltan junto a los límites del recuerdo: "Aborrezco el poder de la memoria./ Invade cada instante de mi vida./ Indulta a los fantasmas, coloniza mis noches". Los poemas se van abriendo al lector de manera cómplice, pues apoyado en un verbo musculado y vitalista los sabe dejar muy próximos al corazón:"Y yo soy hombre solo. Sólo hombre./ No lobo, aire, herrumbre ni druida,/ y cometo el error de la esperanza".
Un volumen, en suma, de una y más lecturas, sostenido por una mágica lumbre "donde puede hacer nido la nostalgia".


LA ESFERA DE LOS LIBROS- EL MUNDO 24-10-1998
Lort-Varo

"Ajustados y precisos, como corresponde a la idea que los genera, son los 22 poemas de “Hay un ciego bailando en el andén”.
"
Identidad y concreción del ser individual que Alejandro Céspedes buscará desde el espejo del poema final, verdadera puerta de entrada a todo el libro".
"Dos aspectos fundamentales deben señalarse: el lenguaje directo y sencillo del poeta, en el que destaca la función conceptual de la metáfora y el empleo frecuente de paralelismos sintéticos".


HAY UN CIEGO BAILANDO EN EL ANDÉN
ABC LITERARIO 17-7-1998
J.M Barrera



Tras cinco libros publicados desde 1986, Alejandro Céspedes (Gijón, 1958) profundiza ahora en “Hay un ciego bailando en el andén” en un espacio preliminar de vida, “vértigo” de la huella íntima ante el propio camino de los signos. Desde la “otredad” que supone una nueva identidad, traza la medida del tiempo, el retorno a la infancia, especial visión en el espejo de la vida: “Hubo un tiempo anterior/ donde era libre/ de inventarme los nombres de los días”.
Ya W.B. Yeats, en 1909, explicaba: “Creo que toda felicidad depende de la energía con que asumamos la máscara de un otro yo; que todo el gozo de una vida creadora consiste en renacer como algo que no seamos, algo que no tiene memoria, a lo que se crea en un momento y se renueva perpetuamente”. Con el rechazo a la “esclavitud” simbólica del cuerpo frente a la conciencia de sueño, el “consejo” interior define la obra de Céspedes, la temporalidad y el recuerdo: “Te necesito allí para saber que estuve./ Si te vas,/ mi vida/ se escapa por el hueco que tú dejas”. Los ámbitos de esa “vuelta” al pasado iluminan el mundo “soñado” de eternidad, el empeño de una “imposible” existencia. La naturaleza “clarifica” igualmente la raíz de esta “definición” interna con la llamada de la muerte. La poética meditativa y existencial expuesta concreta así diversas imágenes urbanas al hilo de esta visión definitiva: “Muere contra el rompiente de la esquina/ y se hace espuma./ Es la curva cerrada de la vida/ que jamás nos permite/ poner recto el volante”.


BABELIA – EL PAIS 30-5-1998
Carlos Ortega




Panorámica del Tiempo Vencido: La poesía sigue gozando en nuestro país de una estimable capacidad creativa. Reediciones de clásicos contemporáneos comparten actualidad con libros de autores jóvenes y nuevas obras de los ya consagrados: Un coloquio establece Alejandro Céspedes entre el niño que fue y su actual extrañamiento en Hay un ciego bailando en el andén, ardid que mantiene con gran verosimilitud y energía, saliendo de sí mismo para ver su verdad.

GUÍA DEL OCIO MADRID Julio, 1998.
Santiago García López




Joven poeta asturiano, Alejandro Céspedes, escribe unos poemas en el que el tono evoca la elegía. Elegías al asturiano mundo que vivió, a sus vivencias del niño que ya no será, a sus amaneceres y sensaciones físicas que ya no se repetirán...
Unas elegías a la muerte de una parte de sí mismo, la que fue en su niñez, tan añorada como imposible de volver a vivir excepto a través de la evocación que el poeta hace en tersos versos, de brillantez de imágenes y sencillez de léxico.
Verso a verso los poemas se encadenan con la cadencia de la naturaleza, sencillos como la misma vida, huyendo de las retóricas y de los sonsonetes o de las oscuras e ininteligibles imágenes. Poemas de la serenidad ante el desencanto de la edad adulta, Alejandro Céspedes es uno de esos poetas que su lectura nos transmite serenidad. La difícil y bella serenidad del vocablo exacto y la imagen bella en su sencillez. Buscando esa comunicación tan difícil entre uno mismo y su pasado. Deificando un paisaje y unos hechos míticos en el recuerdo.




Presentación de "Hay un ciego bailando en el andén" en Oviedo.


















LAS PALOMAS MENSAJERAS SÓLO SABEN VOLVER Revista Reseña, julio, 1995 Las palomas mensajeras sólo saben volver.
La imaginación de los recuerdos; Rafael Alfaro.


Titulares:

Estamos ante un poeta de estupenda mirada interior y el libro nos presenta una capacidad inmensa de imaginación, como un recuerdo del futuro confundido con el pasado. Los poemas solamente enumerados se leen como un solo poema”.

“Hay en estos poemas un despliegue descriptivo de categorías con un lenguaje en el que la metáfora nace de la misma vida.  El poeta tiene una sensibilidad especial en la musicalidad del verso. No se conforma con narrar o descubrir. Sabe conferir al verso un ritmo y una melodía espontánea. Lo cual crea a lo largo de la lectura un clima poético sin interrupción”.

“Alejandro Céspedes nos ha ofrecido un libro con una profundización de sí mismo, del mundo de sus imaginaciones y recuerdos. Al mismo tiempo que bucea en su interior con una poesía de autoconocimiento, nos dice lo que pasa en nuestra realidad humana. Un libro ejemplar y denso. Inolvidable”.



 LUIS FERNÁNDEZ ZAURÍN. El Ciervo. Diciembre, 1994
¿Qué libros le han interesado más en 1994?



Uno de los dos mejores libros de poesía del año (1994)

”Finalmente me quedo también con dos libros de poemas, Las palomas mensajeras sólo saben volver, de Alejandro Céspedes (Hiperión), obra tan bella como su título en la que su autor, mostrando una notable evolución formal respecto a otros títulos suyos anteriores, poetiza sobre los territorios de la memoria, a los que Céspedes no puede evitar volver con nostalgia y dolor, y para acabar, con "Habitaciones separadas, de L. García Montero.”





 MADRID 24-2-1997
Vicente Presa

Buen amigo y por mí venerado en su libro “Las palomas mensajeras sólo saben volver”, Alejandro Céspedes es una voz fuerte, personal y regenerada que devuelva a la poesía una tensión muchas veces cuestionada y, eminentemente hoy, en entredicho. En su lírica conspira a favor de las ideas, de las emociones y de los sentimientos. Pero desde una palabra nueva. Su poesía aporta vitalidad y frescura. Y no sólo por la impregnación surrealista y onírica, ni tan siquiera por los mitos de la actualidad a los que recurre. Ahí están Jimi Hendrix, Lou Reed, Diana Ross, James Deán... Alejandro Céspedes retorna, y de la mejor manera, a los temas de siempre, aunque rompe el juego esteticista con valentía y riesgo, sabedor en todo caso, de dar un salto en el vacío.”

ABC CULTURAL julio, 1994
Víctor García de la Concha, Presidente de la Real Academia de la Lengua.

























Premio de Poesía Hiperión 1994: Una cosecha exelente.
La Gaceta Universitaria, 17-10-94
La memoria: Las palomas mensajeras sólo saben volver, al contrario que el libro de Ada Salas, abunda en el uso de la palabra, entendida como construcción del futuro a base de recuerdos. Los treinta poemas son auténticos nudos de emoción densa entre rediles de amor y conjuras de memoria desplegada y expandida hasta el infinito. Obra ensamblada pedazo a pedazo, refleja el dorado rumor del paisaje incandescente de aquel que mira en su interior y después se compara con otra persona tratando que el ruido del choque no sea demasiado estridente. Es la confesión de un autor prendado de la circularidad de los retornos, los suyos y los de las palomas mensajeras. J.O.




















DIARIO DE MALLORCA 3 de diciembre de 1994























                     JAMES DEAN, AMOR QUE ME PROHIBES

EL CORREO ESPAÑOL – EL PUEBLO VASCO 25 de febrero 1987


Amalia Iglesias; Evocación de los placeres prohibidos
Amparado por el premio –en esta ocasión el Arga de poesía en Pamplona- nos llega un nuevo libro de poemas de Alejandro Céspedes, joven autor asturiano nacido en 1958.
Una lectura de las citas en que se apoya sería indicio suficiente para trazar los eslabones de una cadena de tradición nombrada (Cernuda, Byron, Gil de Biedma, Kavafis...) vinculados entre sí, no tanto por estilo sino más bien por su estética vital o postura vivencial. Entrar aquí a dilucidar hasta qué punto el mal llamado “mal de los griegos” influye en el quehacer poético de éstos y otros autores sería pretencioso y, sin lugar a dudas, vano.

El libro de Céspedes, dividido en dos partes, toma el título de la primera de ellas: “James Dean, amor que me prohíbes” en el subtítulo “Misal para una infancia de mitos”, se recogen las tres claves fundamentales: misal en cuanto que se convoca a una larga lista de héroes, santos o dioses que conforman la galaxia íntima del poeta, extractados de la historia para, una vez personalizados, convertirse en historia individual e intransferible; infancia como paisaje propicio e idealizado “lugar de los cuerpos poéticos”; y mitos de procedencia diversa, del cómic a la historia, del pop a la pintura, mitos mezclados sin pudor, transgredidos los tiempos, los espacios, desde la plena libertad de la palabra.
Entre el tiempo perdido y la infancia recuperada, un rosario de efebos que cruzan y ese volver a tenderse en la hierba para amarse –tan Cernuda, tan Witman-, ese tenderse en el esplendor de la hierba una vez más, entre la ternura y la ironía, tantas veces amarga.
“James Deán, amor que me prohíbes” pudiera calificarse de libro “novísimo” a destiempo, si tenemos en cuenta el culturalismo abundante en sus motivos, la objetivación de temas en distintos personajes, la cultura pop conviviendo con la clásica (aparentemente), y el cine incorporado a la realidad (de lo que da buena cuenta el título). Menos culturalista resulta la expresión del poema, que se deja leer con gusto y nos ofrece bastantes hallazgos de imagen, sin llegar a ser cargante.

RECORTES DE PRENSA 














 





ENTREVISTA por JORDI DOCE

James Dean, amor que me prohíbes por Juan Ignacio González
James Dean, amor que me prohíbes por Marián Suarez.


Revista de Literatura Rey Lagarto





ENTREVISTAS

ENTREVISTAS
Diario de Las Palmas

Revista Ambito Cultural -El Corte Inglés- por Marta Agudo

El Coleccionista

El Coleccionista
Jordi Doce

ESTUDIOS SOBRE LA OBRA DE ALEJANDRO CÉSPEDES

1.- Julio Mas Alcaraz
2.- Antonio Daganzo

Flores en la cuneta: ESTUDIO SOBRE LA POESÍA DE ALEJANDRO CÉSPEDES, por Julio Mas

Julio Mas Alcaraz



La temática poética



El impulso narrativo es un pilar fundamental en la escritura de Alejandro Céspedes. Hasta llegar a Flores en la cuneta, cada uno de sus poemarios ha tenido como origen la voluntad de narrar una historia individual o un conjunto de historias comunes. El poeta escarba en el fondo mnemótico de su inconsciente, elige un relato e inicia un diálogo entre el substrato narrativo y la forma lírica, en su doble vertiente morphé y êidos.

El hecho narrativo que sustenta sus libros descansa sobre una prioridad ontológica en su temática. La prevalencia de su mirada es el yo, como sein, y su entorno. La poesía es el lugar donde el ser sucede. Se produce lo que Theodor Adorno[1] denomina una absolutización de la voz del Ser, que sugiere una lectura heideggeriana de buena parte de su trabajo. El lenguaje poético tendría como tarea mostrar la dimensión afectiva de la existencia, Befindlichkeit, pero en la parte más dramática y desengañada. Se podría, por tanto, hablar de una analítica existencial para categorizar su obra.

En ese carácter existencial, el autor no interroga al dolor sino que lo afirma. No hay una descripción binaria de la felicidad y el sufrimiento. Ni siquiera una búsqueda de su significado. Existe una poética de la desesperanza a través de muchos de los grandes temas: la muerte, la angustia, la memoria, la melancolía, el tempus fugit, la imposibilidad de transcendencia o la contingencia.

El escritor se centra en el carácter efímero, finito, de la vida y el tiempo propio, pero también en su carácter hostil (enfermedad, accidente, pederastia). En un mundo no muy alejado de los universos de Thomas Hardy o de Albert Camus, el discurso poético no está construido de universales sino de particulares. Entraría, por tanto, dentro de una categoría similar a una de las definiciones de poesía de Wallace Stevens: “unofficial view of being[2]”.



La forma



La primera etapa poética de Céspedes tiene lugar entre 1979 y 1998, año al que sigue un silencio de una década. La forma de expresión poética durante este periodo se sitúa en una estética figurativa, con abundancia de elementos retóricos, en especial de la metáfora y la metonimia. El poema es una narración vestida de forma poética. Hay una voluntad esteticista paralela a la voluntad narrativa. El ornamento puede tener un perfil neoclásico o neobarroco en su construcción pero manifiesta una necesidad de belleza.

Las pautas métricas, retóricas y semánticas que marcan esta primera etapa suelen apoyarse en comunes loci. Su lírica se asienta en un terreno contrapuesto al post-modernismo donde, inexplicablemente, algunos le ubicaron al comienzo de su carrera. Sin ánimo de ser exhaustivo, la metaferocidad de algunos pasajes no concuerda con el pensamiento de Deleuze sobre las metáforas: “tan sólo palabras inexactas para designar algo exactamente” (mots sales llega a escribir). No se produce, como establece Kandisnky, un divorcio del intento narrativo. Tampoco está la preocupación derridiana[3] por el lenguaje en sí mismo y como fin. Ni por su deconstrucción. La indeterminación, la ambivalencia, la debilitación de los procesos lingüísticos, la irrepresentacionalidad o la minimización de la carga retórica no es una característica del autor.

Por cercanía estética la poesía de Céspedes se aproxima, durante estos años, a la recuperación de la tradición que realizaron los miembros de Cántico. La abundancia de metáforas, el sometimiento del verso a las órdenes de una métrica centrada en el endecasílabo, la carnalidad, el erotismo, la recurrencia del tiempo perdido y el ritmo conducen su poética a las cercanías de esta escuela. Por tanto, la ubicación más cercana, si ésta es posible, se realizaría en lo que Ángel Luis Prieto de Paula[4] denomina “segundo tramo setentayochista”.

Un elemento común a su primera y segunda etapa es la referencia al marco temporal. Como suele ocurrir en el caso de una parte sustancial de la poesía clásica, el poeta subraya las referencias que corresponden a su tiempo (en su caso, el SIDA, los accidentes de coche, la publicidad). En este sentido, Alejandro realiza una desmitificación del “es” literal en favor de la redescripción metafórica, pero se aleja de la máxima “Das Metaphorische gibt es nur innerhalb der Metaphysik” porque su metáfora se aparta de lo metafísico para entrar en lo real y cotidiano.

En su segunda y más reciente etapa, que comienza con la publicación de Los círculos concéntricos[5], se inicia un camino de transición formal. En este periodo es complicado realizar una adscripción generacional porque se establece un diálogo no acabado, casi una lucha estética, entre la tradición poética y el deseo de trascenderla. El cambio ya había sido visible con la publicación meses antes de su obra reunida en Sobre andamios de humo[6]. La comparación de los textos originales y de los textos corregidos muestra una reescritura que reduce significativamente la retórica.



Poesía hasta Flores en la cuneta



El primer libro importante del autor es James Dean, amor que me prohíbes[7], publicado en 1986, poemario que podría situarse en el tardo-culturalismo. La influencia de los post-novísimos es evidente. Los mitos homoeróticos de una generación, encarnados en James Dean, son tratados desde el canto a la juventud y al amor homosexual, acompañando a mitos clásicos como Alejandro Magno o Aníbal. El sexo y el amor es la experiencia y la identidad en cuanto afirmación del yo sexual, y el cómo ese yo puede explicar el todo con la parte.

En lo formal, usa la silva con predominio del endecasílabo que prevalecerá en toda su versificación hasta llegar al poema en prosa de Los círculos concéntricos. Las influencias son diversas y no sólo incluirían a algunos culturalistas como Luis Alberto de Cuenca, o miembros de Cántico, sino que se extenderían a Jaime Gil del Biedma y a San Juan de la Cruz.

Con Las palomas mensajeras sólo saben volver[8], premio Hiperión, surge la descreencia, la mirada interna y pesimista, la vuelta temprana a la memoria melancólica, la hermenéutica del recuerdo y el confesionalismo más genuino. El motivo subyacente del libro, apenas sugerido, es el SIDA (“tu savia contagiosa”) y la muerte que lo acompaña. A una primera parte descriptiva y cargada de melancolía (“cada sueño nace a un plomo atado”), y que llega hasta el fallecimiento de la pareja, le sigue una segunda parte que es el recuerdo de la pérdida en su forma más elegíaca, el vive memor leti de Persio. La paloma mensajera “emprende el vuelo hacia el pasado” y a su vez es símbolo de la vida como ciclo que se repite. Su poesía se mueve dentro del elotiano equivalente emocional del pensamiento.

Hay un ciego bailando en el andén[9] comienza con una cita de Ricardo Reis, el famoso heterónimo de Pessoa: “Sea mi ser idéntico a sí mismo”. Céspedes aparta su lado elegíaco para centrarse en la cuestión de la identidad. En una reflexión que surge desde lo existencial, la identidad pasada se reconoce genuina y a la vez inalcanzable ante la extrañeza del yo presente. El protagonista carece de sitio en el mundo (“todo existe y no me necesita”) y mira el espacio entre el yo y los yoes que fueron. El desarrollo del extrañamiento y la otredad ocurre desde la expresión de la multiplicidad de la voz, la muerte girando la existencia y grabando tu fui ego iris (“Si mi nombre, también, / igual que el vuestro, / adorna ya una tumba en cualquier sitio”). A la vez, el lenguaje se vuelve oscuro, casi expresionista en su léxico, derivando hacia un nihilismo sin escapatoria (“sólo nos queda / aquello que se sabe ya perdido”).

En Los círculos concéntricos, que marca el comienzo de su segunda etapa, el poeta cambia su verso a prosa poética, deconstruida directamente del verso métrico clásico, como se puede observar al hacer la escansión de las frases de manera aislada. El objetivo narrativo, en este caso, es una historia de incesto y pedofilia. El yo poético es femenino pero conserva elementos confesionales ajenos y propios.



Flores en la cuneta



En Flores en la cuneta, el autor abandona el lenguaje de la memoria para centrarse en la observación del accidente de tráfico como símbolo de lo circunstancial. Alejandro señala unas coordenadas precisas para situar el hecho. En ese escenario, a medio camino entre el cine y el teatro, y en una exposición más sincrónica que diacrónica, se van representando las distintas tomas de su narración poética basadas en hechos similares pero con distintos protagonistas.

La mirada es perpendicular al dolor. No hay un escape oblicuo a él. Más que la esthétique du mal de Mallarmé, hablaríamos de una estética del sufrimiento. De manera original, esa mirada sobre lo ocurrido es ajena. No interroga sobre la bondad o maldad de la gratuidad de lo fortuito. Como en parte de la lírica épica clásica, el escritor narra los hechos de manera lírica pero no los somete a juicio moral. Igual que cuando el sujeto poético afirmaba en sus primeros libros su libertad para adentrarse en un cuarto oscuro, o pagar por los servicios de un chapero, o incluso en el tratamiento de la relación incestuosa en Los círculos concéntricos, el punto de vista es neutral y, por tanto, amoral. No hay una preconcepción ética. La poesía sería una forma de lenguaje no instrumental en la jerga de Sartre. Poesía de la imaginación amoral en mi jerga. El poeta Platón excluiría de nuevo la poesía de su república.

En esa mirada neutral no hay espacio para la compasión. El accidente es lucreciano: los hechos son accidentes y el tiempo no existe salvo como un accidente de los cuerpos. De alguna manera recuerda al amor fati de Nietzsche: una pura contemplación del destino.

Debajo del accidente se halla el símbolo de la carretera. Todo lo que el habla no puede “traducir” es subsumido, Lacan, a través del símbolo. Esta relación se articula a través precisamente de la carretera, que se convierte en el celiano imposible camino de lo imposible[10].

La simbología del suceso llega hasta su componente más metapoético. La poesía es lo accidental, es decir, lo que surge de la inspiración, espontáneo y natural. El autor se mueve dentro de la aristotélica contraposición esencia versus accidente. Pero sus accidentes son, paradójicamente, la esencia del poema.

Una contraposición de similar alcance se establece entre los títulos de los poemas y su contenido. El amable y falaz lenguaje publicitario con el que se construye de manera literal cada título recrea una máscara comunicativa que se descrea una vez que el poema se desarrolla en un complejo juego de opuestos.

La muerte es esencial y esencia en Flores en la cuneta: “Lo esencial sólo ocurre cuando nadie lo observa…cuando no puede verse…”; “Rastrea la calle…para ver si descubre en cual de los momentos ocurrió lo esencial.”

La temática de la muerte es sometida a la reverberación, a lo que Carlos Bousoño[11] denominó símbolo monosémico continuado. En palabras de Bonnefoy[12], una voz obstinada. Cada poema es un accidente de tráfico sufrido por diversas personas. El numerador común es la muerte, aunque no todos los sujetos poéticos mueran en los poemas.

Cuando pregunté al autor sobre el origen de este libro no supo darme una respuesta concreta. Hay explicaciones de cada una de sus obras anteriores. En James Dean amor que me prohíbes, la afirmación de la homosexualidad; en Las palomas mensajeras sólo saben volver, el SIDA; en Hay un ciego bailando en el andén, la crisis de identidad; y en Los círculos concéntricos, el recuerdo de unos hechos trágicos. En Flores en la cuneta no existe ningún elemento personal que haya servido de catalizador.

Resulta curioso, sin embargo, cómo el argumento de los accidentes de coche ya aparece en el primer poema de James Dean, amor que me prohíbes: “¿Por qué lo hiciste, James? Por qué lo hiciste / si sabías que yo estaba esperándote / en el arcén de aquella carretera.” En Hay un ciego bailando en el andén el tema reaparece. En Los círculos concéntricos contemplamos un perro atropellado.

Es la preocupación existencial por la muerte, presente en la mayoría de textos de Céspedes, y a través de una compleja suma de mémoires involontaires, la que lleva al autor hasta la temática de este poemario. La muerte citada en las propias palabras de James Dean en uno de sus primeros poemas: “La muerte es la única cosa que respeto.”

Existe una continuidad evolutiva lógica en Flores en la cuneta. La crisis de identidad del yo anticipada en Hay un ciego bailando en el andén llevó al poeta a refugiarse en primer lugar en un sujeto poético femenino en Los círculos concéntricos y avanza ahora en múltiples sujetos poéticos en Flores en la cuneta. Hay una ruptura del solipsismo de la primera etapa y una búsqueda de la impersonalidad como refugio. En la descreencia del yo intransitivo, surge de nuevo Eliot[13]: “…the more perfect the artist, the more completely separate in him will be the man who suffers and the mind which creates.” Alejandro se expresa a través del yo pero es una subjetividad sin sujeto propio, afirmada en su inexistencia. El autor llega al no-yo, el yo antitético de Yeats, pero la identidad negativa no se transforma en una multiplicidad positiva sino en una multiplicidad sin adjetivos que la califiquen.

Muchos de los personajes que aparecen, no obstante, continúan luchando contra su propio carácter identitario una vez que han muerto, incapaces de resolver los problemas de afirmación de su persona. Algunos se extrañan de su muerte: “No soy yo. / Estoy seguro. / No. / Yo no soy esa luz opaca que se extingue.” Otros simplemente continúan su búsqueda una vez muertos y espectros: “Palpo toda esta sombra… por si descubro…el cuerpo joven, mi cuerpo”. En general, la muerte, final empírico del yo, supone una extensión en el extrañamiento del yo, un mayor distanciamiento, la conclusión del fracaso de la epistemología del ser: “Estoy ahí. / Y parezco ser yo. / Estoy vestido igual. / Toco mis manos y los ojos que miro son mis ojos. / Pero eso no es mi cuerpo…/ Toda esa materia me es extraña / y ajena / y repudiable.” Incluso el nombre propio de las personas “no es un dato fiable”. Sólo en el poema final, de manera casi milagrosa, se produce el encuentro identitario y la definición del yo: “Y así, entre la ceniza…a través de los círculos huecos de mis ojos aún me reconozco. / Soy luz sin luz, / oscuridad con sombra.”

La multiplicidad de narradores, tan propia del realismo mágico, es una característica fundamental de Flores en la cuneta. El efecto es una extensión de analogías y una polifonía de voces que, sin embargo, tienden a confluir en una visión unitaria. En ocasiones el narrador es omnisciente y realiza una síntesis interpretativa, casi centralizadora, como si fuera la voz narrativa principal. A veces se usa la primera o segunda persona. Otras veces el narrador avisa como una forma de conciencia trasladada: “Ten cuidado…Mide bien tus palabras; no vayan a tener que recogértelas”, o “No te fíes”. En otros momentos, el consejo es maternal: “Mira que te lo dije: / hoy no lleves el coche de tu padre.” En cualquier caso, la desaparición de un único narrador, desplazado por la presencia de narradores múltiples, crea una diversidad de voces, fragmentos y ángulos en la que, de manera paradójica, las diversas yuxtaposiciones circunstanciales convergen hacia una metaconciencia.

La presencia de lo sobrenatural, más allá de lo órfico, es constante. Los muertos visitan los lugares de sus accidentes, hablan desde su tumba, ven a otros muertos… La filiación de Céspedes al denominado realismo mágico, con su forma de normalizar y hacer cotidiano lo extraordinario, es evidente en este poemario y tiene su origen en las lecturas de literatura latinoamericana que realizó el poeta en su juventud. Hasta el presente libro esa poesía de lo mágico no había surgido pero en el complejo sistema de simbolización de Flores en la cuneta, la visión alegórica y sobrenatural ocupa un lugar importante.

La originalidad de Flores en la cuneta no está en el uso de los accidentes de tráfico. Ya en 1924 André Breton escribió Poisson soluble. Sin ánimo de ser exhaustivo, algunas otras muestras de poemas relacionados con los accidentes de carretera son el poema de Bishop Quai d’Orleans o Cars on the highway de George Oppen. La temática llega hasta la postmodernidad con The upper arm, que Ted Berrigan dedicó a Andy Warhol. La materia de la muerte en accidente de coche también ha sido tratada por la lírica oriental, por ejemplo en el caso de Ahmed Abdel Hijazi en su poema Muerte de un chico, o por la africana, en el caso de Wole Soyinka y su Muerte al amanecer. En España tenemos una muestra muy temprana en Ernestina de Champourcín. Podemos recordar además el poema titulado Accidente de Rafael Alberti, o la Provocación ilusoria de un accidente mortal de Francisco Brines.

La originalidad de la obra no es, por tanto, el hecho narrativo de los accidentes de tráfico sino el uso de un suceso similar, repetido, vivido a través de los ojos de múltiples sujetos poéticos, de mirada confluyente y demiúrgica. La repetición es ciclo y, por tanto, vida. Vida como repetición de las repeticiones de otros. Para el autor, la repetición es a la vez mantra y tortura sísifa. Hay un acercamiento a algunos de los postulados de Kierkegaard en esa visión de la existencia como una kinesis constante en la que el llegar a ser y el ser se juntan en el flujo del tiempo y su re-creación.

En este análisis de la particularidad, el único equivalente literario cercano a Flores en la cuneta que he podido encontrar es el James Ballard protagonista de la novela del mismo autor, Crash, llevada al cine por David Cronenberg. La temática y cierta repetición están en el texto pero no la visión caleidoscópica. Aun así, algunas frases resultan especialmente coincidentes: “After having … been constantly bombarded by road-safety propaganda, it was almost a relief to find myself in a real accident[14].”

Flores en la cuneta es un libro de cambio estético en la trayectoria del autor. Es el segundo que Céspedes escribe en prosa poética pero es en éste donde es más indiscutible el despojo de la métrica. La musicalidad se establece, en la línea del Ransom de la escuela New Critics, como un elemento abstracto. Abstracto no quiere decir arbitrario. Igual que ocurre con poemas relacionados con los New Critics, el verso ha tenido una textura más suave y ha sido endurecido a propósito.

Técnicamente, Alejandro sigue apoyando su discurso retórico en la metáfora pero en menor medida que antes. El lenguaje también se vuelve más cotidiano y existe algún flirteo con las voces más rotundas de la calle (“Eres el puto amo”). El léxico se hace expresionista en algunas de sus descripciones más crudas (“Los trozos mal unidos. / Los órganos dispersos.”). Se incluyen, como también era habitual en el autor, referencias temporales del entorno sociocultural, sean de grupos de música (The Killers) o de aparatos eléctricos (iPod).

El uso de la intertextualidad sigue siendo notable. Ya en el segundo poema, Move your mind, surge la voz del Juan Ramón Jiménez de Espacio, cuando escribía “hueco en otro hueco.” y termina con un homenaje machadiano a las moscas. Claudio Rodríguez vuelve en el poema Un día eres tú…En ¿Quién posee a quién? la inclusión, de Miguel Hernández, es literal: “Ando sobre rastrojos de difuntos”. En Te cambiará la vida, “eso no es mi cuerpo” es un referencia a Esto es mi cuerpo, de Juan Antonio González Iglesias. Malos recuerdos, de Antonio Gamoneda, está presente en Los animales de dos en dos, ua, ua. También El dibujo en el agua, de Felipe Benítez Reyes es la inspiración para todo el poema Imagina dominar el espacio. El título de la antología de Rafael Alberti Con la luz primera inspira un verso en Eres lo que eliges. En Te hará feliz o te devolvemos tu dinero, el verso "como brasas sacadas de una hoguera" es una frase de la película La delgada línea roja de Terrence Malick (1998).

La intertextualidad no se limita a otros autores. Céspedes reutiliza en este libro un poema (Hace lo mismo que los otros pero por siete mil y pico euros) publicado en Los círculos concéntricos. El autor lo explica con sus propias palabras: “Estoy convencido de que cada poema, como elemento e instrumento narrativo, crece gestálticamente con su inclusión en un proyecto mayor”.

Como novedad, el escritor grafía poemas visuales, como estrofas dentro de un poema mayor, en un intento de aproximación ideográfica que ya había sido esbozado en James Dean, amor que me prohíbes.

En general, se vislumbra un cambio paulatino en la estética de Alejandro, cambio en el que se intuye una voluntad por descargar su poesía de retórica y avanzar en nuevas experiencias formales.

El autor ha escrito un libro singular. La repetición de los accidentes es la repetición de la muerte en su ciclo. De la misma forma que las palomas mensajeras sólo sabían volver, la muerte, que nos deja al nacer, sólo sabe retornar sobre nosotros y quienes nos rodean. Y es esa circularidad, concéntrica, la que el poeta proclama a través de la repetición.

Alejandro Céspedes es un poeta en metamorfosis. Su largo silencio de diez años le llevó desde un lugar destacado en su generación hasta la lejanía del recuerdo. Ahora vuelve con nuevas fuerzas con dos libros importantes y premiados que le reubican como una de las voces fundamentales de su generación. Entre la tradición y la ruptura se ubica Flores en la cuneta, un poemario crudo, original, hondo, agónico y a la vez inquietantemente hermoso en su visión descreída del dolor humano y su fragilidad



Julio Mas Alcaraz

Madrid, a 30 de septiembre de 2009



NOTAS:



[1] Theodor Adorno, Lyric and Society, Notes to Literature. Vol. 1, Ed. Rolf Tiedemann. Tr. Shierry Weber Nicholsen, New York: Columbia UP, 1991

[2] Wallace Stevens, The Necessary Angel: Essays on Reality and the Imagination, Vintage Books, Alfred A. Knopf & Random House, New York, 1965

[3] En su ensayo Che cos’ è la poesía? Derrida utiliza la metáfora de un erizo cruzando la carretera ante el coche que se acerca. Es uno de los extraños caprichos que encuentro al redactar el prólogo de Flores en la cuneta, libro cuya temática principal son los accidentes de coche.

[4] Ángel Luis Prieto de Paula, Otras corrientes líricas en los años 80 y 90, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Poesía española contemporánea, http://www.cervantesvirtual.com/portal/pec/

[5] Alejandro Céspedes, Los círculos concéntricos, AEAE, Madrid, 2008

[6] Alejandro Céspedes, Sobre andamios de humo (1979-2007), Vitruvio, Madrid, 2008

[7] Alejandro Céspedes, James Dean, amor que me prohíbes, Pamiela, Pamplona, 1986

[8] Alejandro Céspedes. Las palomas mensajeras sólo saben volver. Hiperión, Madrid, 1994.

[9] Alejandro Céspedes. Hay un ciego bailando en el andén. Hiperión, Madrid, 1998.

[10] Paul Celan, Der Meridian, en Gesammelte Werke, vol. III, Frankfurt, 1983

[11] Carlos Bousoño, Teoría de la expresión poética, Gredos, Madrid, 1952

[12] Yves Bonnefoy, Lieux et destins de l'image: Un cours de poétique au Collége de France (1981-1993), Paris, Seuil, 1999.

[13] T. S. Eliot. The Sacred Wood: Essays on Poetry and Criticism, Methune, London, 1922. El texto del ensayo al que pertenece el texto, Tradition and the individual talent, puede consultarse en la siguiente dirección web: http://www.bartleby.com/200/sw4.html

[14] J.G. Ballard, Crash: a novel, Picador, Nueva York, 2001. Me gustaría anotar, en el terreno de las coincidencias oscuras, que la fecha de entrega de este prólogo, y del conjunto del libro, es el 30 de septiembre, día en el que James Dean murió en la carretera.

Sobre andamios de humo; ESTUDIO SOBRE LA POESÍA REUNIDA DE ALEJANDRO CÉSPEDES

SOBRE ANDAMIOS DE HUMO
Antonio Daganzo

Más que los dramaturgos, y mucho más que los narradores, los poetas de reconocida trayectoria, al alcanzar la madurez creativa, van teniendo cada vez más a su alcance, merced a las directrices del mundo editorial, la privilegiada herramienta de poder ver reunida una obra que, hallándose quizá aún en construcción, ya resulta lo suficientemente significativa como para establecer y dar noticia de un estilo, de una forma y un fondo característicos, de ese compromiso estético singular que llamamos poética. Y he utilizado hace un momento el término “herramienta” con toda intención, pues la preparación de un volumen de poesía reunida suele ser la perfecta oportunidad para que el escritor revise su creación desde la perspectiva que ofrece el paso del tiempo, para así releerse e incluso reescribirse desde el hoy, abriéndole de paso caminos de futuro a las obras muy probablemente venideras. Con todo eso nos encontramos en el caso de Sobre andamios de humo, magnífico libro gracias al cual el poeta asturiano Alejandro Céspedes nos brinda un completo retrato de su quehacer poético desde sus inicios, en 1979, hasta el año 2007. Con todo eso y con algo más, pues Sobre andamios…, que vino a romper en 2008 un silencio que se prolongaba ya por espacio de diez años, ha supuesto el regreso al panorama editorial de una voz de extraordinaria autenticidad cuya falta se sentía excesivamente; ha supuesto, por tanto, y ya desde el punto de vista de los lectores, la feliz ocasión para un reencuentro y un redescubrimiento.

En Sobre andamios de humo destaca la presencia, como es natural, de los que a mi entender son los tres poemarios mayores de Alejandro Céspedes: el juvenil e inaugural James Dean, amor que me prohíbes, de 1986, y las dos obras que marcaron lo que podríamos denominar una primera madurez creativa: Las palomas mensajeras sólo saben volver, que en 1994 obtuvo el prestigioso Premio Hiperión de Poesía, y Hay un ciego bailando en el andén, de 1998, y tras el cual, como antes he apuntado, sobrevino la década de silencio editorial que felizmente no se ha prolongado por más tiempo. Además, y valiéndose de esa oportunidad para la revisión a la que también me he referido anteriormente a propósito de los volúmenes de poesía reunida, Sobre andamios… se completa con un ejercicio de reescritura de primera magnitud, titulado Y con esto termino de hablar sobre el amor: una suerte de sedimentación poética, generada y cumplida en el mismo intervalo cronológico que marca la obra cabal que reseñamos (1979-2007), y que, en última instancia, origina como un poemario independiente que viene a sumarse a los tres anteriores, gracias a la reescritura que Céspedes en él realiza de otros tres trabajos suyos que podríamos considerar de juventud aún: La noche y sus consejos, de 1986; Muchacho que surgiste, de 1988; y Tú, mi secreta isla, de 1990. Al hilo de todo esto, conviene ya recalcar, más allá de la evolución experimentada en la mirada poética, y por consiguiente en el fondo de cuanto los versos expresan –como después veremos-; conviene recalcar, digo, lo que a mi juicio es una de las virtudes capitales de este libro, y por ende, de la poesía de Alejandro Céspedes en su totalidad: su unidad formal; es decir, la consecución, desde el principio, de un modo de decir que se sabe íntimamente certero a la hora de articular un alma y una conciencia, y que por ello persevera en su habilidad comunicativa. Certero, sí, en la articulación de un alma, de una conciencia y, fundamentalmente, de una sensibilidad, pues nada mejor –pensando en quien escribe, y más aún en quienes leen- que un discurso intenso pero sin sobresaltos, decantado en un verso libre con regusto clásico, con tendencia al heptasílabo, al endecasílabo y al alejandrino, para expresar la turbulencia emocional, singular y desnuda, que es la entraña misma, irrevocable e irrenunciable, de la obra de nuestro autor. Porque si hay un eje temático que vertebre el contenido de Sobre andamios de humo, ése sin duda es el deseo: el deseo insatisfecho, el no cumplido, que conduce, final e inexorablemente, al desencanto.

“No existe más amor que el imposible. / Y es fácil distinguirlo. No se olvida.” Esa suerte de lema -resuelto en dos vibrantes endecasílabos- que abre Y con esto termino de hablar sobre el amor, sirve para delimitar eficazmente el terreno por el que transita la poesía de juventud de Alejandro Céspedes, que había tenido como primer y preclaro ejemplo James Dean, amor que me prohíbes. Sin embargo, en seguida comprendemos la verdadera magnitud, los perfiles más íntimos de la insatisfacción de su sujeto lírico, y ello es así por el rasgo absolutamente definitorio del tono de esta poesía: lo testimonial, e incluso lo confesional, si se me apura. Merced a una claridad que se hubiera antojado imposible cultivar en nuestro país apenas una o dos décadas antes respecto a la fecha de las primeras publicaciones de estos libros –esos años 80 que asentaron las libertades en España-, nos hacemos cargo de una identidad muy definida, de una singularidad que no se esconde, y acompañamos así al yo poético en el viaje doloroso de una educación sentimental marcada por la caída paulatina de los héroes –Alejandro Magno o Aníbal en su vertiente histórica y libresca-, y en la que el mito suicida de James Dean tiene el mayor peso específico. A él se le llama en versos de serena pasión, aun a sabiendas de la imposibilidad absoluta de conciliar realidad y deseo:

“Pero si tú pudieras…
tal vez… no sé… en agosto,
adentrarte en el blanco
paisaje de mis lienzos
para que te pintase
al sol,
amor pacífico,
al sol,
inmutable, corpóreo, previsible.”

Con el tiempo los héroes irán ganando, efectivamente, corporeidad, mas no se harán previsibles, y mucho menos inmutables. En este sentido, amargos poemas jalonan Y con esto termino de hablar sobre el amor; páginas de una sinceridad absoluta, de una autenticidad sin rebozo. Y todo ello partiendo de la idealización de la figura de Dean, memoria ya, obviamente, pero lastre de fuego, valladar insalvable entre todos los mitos, como el autor acierta a expresar de manera tan plástica:

“Tu recuerdo
es humo que me asfixia poco a poco
al obstruir las branquias de un deseo
que nunca he conseguido reanimar
ni en los cuerpos anfibios de la noche
ni en los sueños volátiles del día.”

De cualquier modo, el yo poético no se arrepiente de todo este deseo sublimado que ha de vérselas, irremediable e inconscientemente, con la prosa de los días. La misma estrofa inicial de Y con esto termino de hablar sobre el amor nos lo deja meridianamente claro:

“Y qué
si me alimento de los muertos
que poblaron mi infancia, mitos rancios
corriendo por los sueños a escondidas
de padres y de amigos,
y hasta a veces de mí
cuando ya no quedaban artimañas
para tener en pie las fantasías.”

Se asume la derrota, pues, sin olvidar el socorro oportuno del narcótico (“Otra vez las pociones paliativas / que en mis venas usé para olvidarte / se convocan en torno a tu recuerdo”) ni desatender el ocasional despertar de los sentidos (“Hoy, otra noche más, el tiempo juega (…) / Hace ondear las sábanas, / repliega las cortinas, / extrae de su chistera / un deseo cansado”). Pero derrota esta cuyo altísimo costo vital acierta a describir el yo poético con una intensidad sin ambages:

“No saben que yo siempre
pagué por el amor más que su precio
y que empeñé mi infancia
e hipotequé también mi adolescencia,
que gasté mi presente,
y a veces mi salud
en cuerpos que fingían sentirlo
o ignorarlo.”

Cual corolario, la estrofa con que concluye todo este primer segmento de Sobre andamios de humo dicta sobre el amor sentencia firme: la culpabilidad del sentimiento rey radica fundamentalmente en su impostura. De ahí que, sin renunciar de plano a su influjo, asistamos a su inclemente desenmascaramiento.

“No espero nada de él,
sólo me necesita para seguir vendiendo
su oxidada quincalla.
Ya sé que únicamente es purpurina
lo que me vende a precio de aureola.”

Alcanzamos así Las palomas mensajeras sólo saben volver, y con él el gran punto de inflexión de toda la poesía de Alejandro Céspedes publicada hasta la fecha; porque no sólo alcanzamos un poemario redondo, admirablemente trazado y resuelto, sino también la perfecta expresión de una madurez lograda de la única forma en que podía llegarle a un sujeto lírico como el de los poemarios anteriores; es decir, a través del desencanto. Fijémonos en algunos de los versos iniciales de estas Palomas mensajeras…:

“Tú ya no eres el cóndor
que otea las montañas.”

Para más adelante añadir:

“No vuelas. Te despeñas
lo mismo que los sueños
hace tiempo arrojados
desde la gran altura
de la desesperanza.”

Tal es el tono del poemario, a lo que hay que añadir una mayor carga simbólica en lo confesional, o lo que es lo mismo, una sinceridad que, lógicamente, nos habla ya más desde la reflexión y menos desde la anécdota. Además, el rigor acostumbrado de la poesía de Céspedes, su viva y conquistada comunión de fondo y forma, se sublima aquí gracias al manejo de dos motivos conductores que insuflan a la totalidad del poemario un aliento más allá de su propia escritura: uno, el acertado rescate de la célebre idea del “esplendor en la hierba”, tomada del poeta inglés Wordsworth, con la que se evoca eficazmente la juventud perdida; y dos, la propia y brillante imagen de las palomas mensajeras a la que se alude en el título, y que remite directamente a la memoria. La última estrofa del poema XIV resulta ejemplar en este sentido, por lo que tiene de amalgama de motivos conductores, casi a la manera de los dramas musicales wagnerianos:

“El agua hunde mis pasos.
Se nubla el esplendor que hubo en la hierba.
Palomas mensajeras
vuelven hacia el pasado
para llevar semillas de memoria.”

Semillas de memoria que irán alimentando su aborrecido poder en forma de recuerdos; esos recuerdos que, como se revela más adelante, “se expanden / y ennegrecen la vida igual que un hematoma”. Y todo porque, a pesar de que la derrota había culminado los anteriores esfuerzos del sujeto lírico –como vimos anteriormente-, la juventud de entonces llevaba a la inocencia, no masacrada aún, cual compañera inseparable y salvadora. En el mismo poema XIV citado antes, Céspedes desanuda con maestría toda esta apretada entraña del poemario, con la que se topa una y otra vez en sus dolientes versos; eterno retorno de una evocación inevitable ante el desencanto que la realidad procura:

“Yo también fui un dios joven
y aprendí a caminar sobre las aguas.
Pero a aquella inocencia
la sujetaba un nudo de promesas.
No existía el recuerdo
y la memoria era
esplendor en la hierba todavía.

La vida era ilusoria.
Después se hizo real, y ahora ya es cíclica.
Paloma mensajera
que únicamente sabe
volver, una vez suelta, hacia el origen.”

Sobre andamios de humo nos presenta, en último extremo, el poemario Hay un ciego bailando en el andén, cuyo principal rasgo quizá sea el de agudizar el desdoble del sujeto poético que ya había surgido significativamente en Las palomas mensajeras sólo saben volver, desarrollando así el autor el siempre feraz recurso discursivo de la alteridad, de verse otro desde sí mismo. Fijémonos primero en estos versos:

“Quisiera no ser yo.
Burlar a este traidor
que está dentro de mí.
Y está venciendo.”

Visto lo cual, si en Las palomas… el “yo” se tornaba “tú” en momentos de capital importancia, aquí ese “yo” extremará su disociación aún más, transformándose a veces en un “él” desgarrador. A ello se apunta desde el mismo comienzo del poemario:

“En qué lugar de mí
se agazapaba el hombre
que me iba a mirar como un extraño.”

Así pues, el desencanto existencial, la insalvable distancia que se introduce entre la vida y el sujeto lírico, culmina en un definitivo extrañamiento del propio yo, a lo que, no obstante, se deja en prenda la esperanza de una salvación posible, como queda revelado en estos otros versos:

“Observo nuestra vida.
Es este hueco
que media entre los dos
y el tiempo ahonda.
Esto que te preserva
y me separa más
en cada diaria muerte
me obliga a seguir siendo mi otro mismo.”

Es el intento de salvar, al menos, ese yo de esplendor y de promesas ya descrito, y, consecuentemente, ese “tiempo anterior / donde era libre / de inventarme los nombres de los días.” Mas el dolor que este extrañamiento causa es tal que se ambiciona –lo que trae al recuerdo aquel soneto alejandrino memorable de Rubén Darío- la imposible inexistencia de la roca, su natural insensible:

“En la frivolidad de su dureza
es capaz de imprimir la flor,
el pájaro,
la cáscara de un hombre,
ya sin sueños.
Fundirme hasta ser fósil.
Eso quiero.”

La conciencia de la muerte, de la extinción, va imponiéndose a lo largo del poemario, de manera que llegue a verse en esta vida escindida, disociada, un “ir malmuriendo” en la plena y lenta vorágine de la existencia y su ciclo tenaz. Y de esa serena conciencia del fin que se repite como espina dorsal del ser humano, nace ese conmovedor poema –penúltimo de la obra- que da testimonio del reencuentro, puntual pero también perpetuo, del sujeto poético con sus antepasados en el cementerio donde éstos yacen, y cuyos más sobrecogedores versos quizá sean los que siguen:

“Vuelvo aquí.
Ya soy vuestro.
(…) más de trescientos años reencontrándoos.
¿Para eso moríais con los ojos abiertos?”

En definitiva, y en suma, no podía haber escogido Alejandro Céspedes mejor forma para su reaparición en el panorama literario que la de esta recopilación y revisión de su poesía titulada Sobre andamios de humo, volumen que Ediciones Vitruvio ha tenido el acierto de editar. Y ello es así, como apuntábamos al principio, por lo que tiene de ordenación del pasado, de esclarecimiento del presente y, casi más importante aún, de proyección para el futuro. Por lo pronto, nuestro autor ha empezado ya a entregarnos nuevos materiales, de cuantos fueron escritos durante su particular década de silencio editorial, en la forma de un nuevo libro, Los círculos concéntricos, galardonado recientemente con el Premio “Blas de Otero” de Poesía. Sin duda alguna, será Sobre andamios de humo, privilegiada herramienta, la privilegiada atalaya desde la cual contemplemos la evolución ulterior de una obra honda, vivísima, destinada a perdurar en su intensidad y autenticidad inmarcesibles, y que se constituye en un ejemplo cabal de simbiosis entre valentía ética y compromiso estético. ¿Qué más puede pedírsele a un creador?

Antonio Daganzo