Se pueden leer las críticas pinchando sobre los artículos.
EL CULTURAL-EL MUNDO(08-01-10): Flores en la cuneta. Francisco Díaz de Castro

Titulares:
"Este libro excelente, tan sugestivo como intenso, viene a constituir una aportación muy interesante a la posible nueva objetividad poética".
"La intensidad analítica del sentimiento, el carácter narrativo básico de su discurso, la riqueza de imágenes y el cuidado de la precisión expresiva son algunas de las constantes de los poemas de este libro".
"Destaca, ante todo, la unidad de sentido de "Flores en la cuneta", hasta el punto de poder leerse como un solo poema polifónico en secuencias narrativas aglutinadas por el sentimiento de desolación".
BABELIA – EL PAIS 4 de octubre de 2008
Sobre Andamios de humo, poesía 1979-2007. Manuel Rico
Titulares:
"La publicación, en 1985, de James Dean, amor que me prohíbes, su primer libro, mostró ya a un poeta maduro, empeñado en construir textos basados en una memoria íntima activada a partir de referentes culturales filtrados por la experiencia".
"Poesía en la que el lenguaje está al servicio de un poderoso núcleo emocional y de una permanente lucha por afirmarlo".
"En esta obra se ve la voluntad de su autor por afinar al máximo su emocionada (y honda) poesía de antes para el lector de hoy".
CLARIN nº 78 Noviembre-Diciembre 2009. Los círculos concéntricos, por Herme G. Donis
LA VOZ DEL SILENCIO
Titulares:
"El libro, elaborado con la dedicación, paciencia y cariño de un orfebre, relata la trágica historia de Aurora. Céspedes se expresa a través de una serie de fragmentos encadenados entre sí sin ningún tipo de fisuras, poseedores de una palabra justa e irremplazable".
"Ningún fragmento de este libro nos deja indiferentes. La voz de Aurora, con veracidad y emoción, nos sumerge en su mundo de silencios y misterios que según nos van siendo revelados nos conmueven y estremecen".
Titulares:
Céspedes construye un poemario homogéneo y rotundo, capaz de provocar espasmos, lacerante, que retuerce el lado brillante, y a menudo falsario, de la vida. La carretera se torna metáfora de la vida tal cual, sin remilgos. De ahí su contundencia.
Flores en la cuneta es un libro arriesgado y sin concesiones, en el lenguaje, en su composición estrófica, en sus imágenes. Pero también un libro destellante, emotivo, crudo. Crudo porque provoca algo poco convencional: pensar. Crudo también porque no acaricia la piel sino que araña las vísceras.
Juan Ramón Mansilla; Hilos de araña, nº 3
Suplemento Cultural de El Comercio, 21-11-09
Un círculo desasosegante:
Critica "Los círculos concéntricos", por Miguel Rojo.
(pinchar sobre la imagen para leer y agrandar el texto)

Revista de Letras: Flores en la cuneta, por Agustín Calvo Galán (Marzo 2010)
Extracto de la crítica: “Con Flores en la cuneta, Alejandro Céspedes reflexiona, de manera magistral, sobre las contradicciones de la vida contemporánea. El poeta reinventa desde el interior mismo del accidente, desde el pensamiento, la percepción y la vivencia del dolor, la pérdida, la extrañeza por lo sucedido, la extrañeza por uno mismo: la fragilidad de la existencia y, al fin, la muerte”.
Revista de Letras | Reseñas | 23.12.08
Revista de Letras, Los círculos concéntricos, por Agustín Calvo Galán
Extractos: "Desde el “yo soy otro” de Rimbaud, pasando por los heterónimos de Pessoa, la escritura como memoria ha tenido en la memoria ajena un campo donde la creación se expande hacia el infinito de nosotros mismos. Alejandro Céspedes visita con este libro la identidad de Aurora: un yo femenino que surge de las entrañas del autor. La construcción de esta identidad femenina se consigue gracias al recuerdo e implica también la existencia de un segundo personaje, al que Aurora se refiere únicamente en tercera persona y que se convierte en su otro, su contraposición. Alejandro Céspedes ahonda en un tema universal y siempre actual como es el horror dentro del hogar. No hay mayor sufrimiento que la confianza familiar truncada, el secreto infantil que se guarda inconfesable hasta la edad adulta o el diván de los sicólogos, pero tampoco personaje más extraordinario y sugerente como el que ha vivido experiencias traumáticas. El autor consigue hacer de su Aurora una memoria que se explica desde un lirismo alejado de lo común o de la poética al uso, con imágenes sabiamente elaboradas".
Luis García Montero: Texto de la presentación del libro “Sobre andamios de humo”, Delegación del Principado de Asturias en Madrid. 21 de mayo de 2008.
"Conozco a Alejandro desde hace mucho tiempo, aunque es verdad ya que de casi todo hace mucho tiempo. Pero yo lo conocí cuando los dos estábamos empezando a escribir, cuando los dos estábamos abriéndonos camino dentro de la poesía española allá por el principio de los años 80 y, si no recuerdo mal, nos conocimos de la mano de Ana Rossetti en un momento donde la poesía participaba en un impulso de transformación de la sociedad española que iba mucho más allá de la transformación política. De la transformación que suponía el paso oficial de una dictadura a una democracia. Se estaban transformando las costumbres y la palabra de los poetas participó seriamente en esa transformación. Y dentro de ese impulso poético que buscaba dar palabra a la transformación, conocí a Alejandro a través de la lectura de su libro “La noche y sus consejos”. Desde que lo conocí supe que era un poeta de verdad, alguien que dialoga en serio consigo mismo, alguien que tiene su propio mundo, que busca con sus propias palabras y que participa de los tiempos de todos en un diálogo profundo, serio, con él mismo y con sus convicciones. Creo que eso es lo que puede recordar el lector, o descubrir el nuevo lector de Alejandro en “Sobre andamios de humo” al leer la reorganización que ha hecho de su poesía desde el año 1979.
Aquí se encuentran los libros ya publicados, algunos de ellos muy difíciles de encontrar, así como “Y con esto termino de hablar sobre el amor”, donde ha englobado y reescrito sus publicaciones anteriores “Muchacho que surgiste”, “Tú, mi secreta isla” y “La noche y sus consejos”. Además a reunido “James Deán, amor que me prohíbes” y los dos últimos libros publicados por la editorial Hiperión “Las palomas mensajeras sólo saben volver “ y “Hay un ciego bailando en el andén”.
Conozco bien la poesía de Alejandro Céspedes porque he tenido la suerte de ir encontrándomelo y de ir encontrándome con sus libros, y a veces la fortuna también de haber participado en el jurado de algún premio que él gano con todo mérito.
Al volver a leer esta organización de su poesía lo primero que uno se pregunta es cómo envejecemos, cómo envejece con nosotros nuestra poesía, y la primera sensación que he tenido es que la poesía de Alejandro envejece muy bien, que mantiene su vitalidad y su vigencia y que no era una poesía que flotase en el ambiente de aquella época sino que nacía, se apoyaba, enraizaba en una calidad literaria muy personal.
Alejandro Céspedes pertenece a esa voz poética asturiana que ocupa un lugar muy sólido, importantísimo, dentro de nuestra poesía contemporánea que se empezó a gestar a principios de los años 80.
Desde luego sus poemas tienen aire de época -la poesía tienen mucho de educación sentimental, nos vamos haciendo a leer poesía y tenemos la ilusión de ir haciendo a los demás con nuestros propios poemas- y yo, al volver a leer “James Deán, amor que me prohíbes” he vuelto a muchas referencias de los años 80, a mucha ilusión en una transformación cultural que se llenaba de referencias culturalistas, pero muy integradas en la vida, muy integradas en un verso capaz de mirar a la vida de manera distinta a la vida cotidiana, inyectando un saludable aire de rebeldía y de desacralización de la cultura. El culturalismo de Alejandro, como el culturalismo de los buenos poetas de aquel tiempo que iban intentando transformar la sociedad, servía precisamente para desacralizar una idea de la cultura excesivamente pedante y excesivamente acomodada.
La voz de Alejandro siempre ha circulado por una libertad sentimental radical, por una capacidad metafórica para encarnar deseos y sentimientos personales en los paisajes de la ciudad, en los paisajes urbanos, en los paisajes de una vida muy propia de la etapa final del siglo veinte, en una sensualidad que ha marcado su mirada a la hora de relacionarse con la vida, con el cuerpo, con los cuerpos. Y junto a esa sensualidad, también encuentro una gran capacidad de reflexión. Digo junto a “esa” y debería decir luego de “esa” sensualidad hay una capacidad de profunda reflexión, porque la poesía sensual de Alejandro me parece muy inteligente en los momentos de plenitud, en los momentos de vitalidad, en algunos de los poemas que ahora se rescriben en “Y con esto termino de hablar sobre el amor” donde hay un comercio inteligente con la vida. Pero esa inteligencia está presente en los poemas de Alejandro también después -sobre todo después- por ejemplo cuando el cóndor se vuelve paloma mensajera. Esa era la metáfora inicial de su libro “La palomas mensajeras sólo saben volver“ que engloba todo el libro. Se vuelve paloma mensajera no por debilidad, no porque el cóndor de la gran poesía americana, nerudiana, de fuerte vocación colectiva se convierta en paloma débil, en paloma de la intimidad, sino porque hay algo más. Las palomas mensajeras, como reza el título, sólo saben volver y la poesía de Alejandro se fue interiorizando en sí misma y él fue cada vez meditando más en sus orígenes, en sus recuerdos, volvió a su pasado y ahí la sensualidad se puso al servicio de la recuperación de la infancia, de sus olores, de los sentimientos, en las atmósferas que podían marcar un territorio escondido en el fondo del tiempo.
Un paso más radical lo dio después en su libro “Hay un ciego bailando en el andén” porque ahí ya el presente se convierte definitivamente en la deuda que debemos pagar al pasado, y la perplejidad, la incertidumbre de ese baile de ciego, unido al vitalismo, se encauza hacia una búsqueda de los orígenes familiares, de los ancestros, de los Céspedes que, por supuesto, tiene que ver con la recuperación del origen, pero también con la toma de conciencia de que todo pasa, de que todo desaparece, de que estamos bailando y dialogando en el vacío con nosotros mismos. Alejandro se carga de una profundidad y de una inteligencia puesta al servicio de la sensualidad, y me parece que eso es muy destacable a la hora de conformar su mundo poético.
Me ha encantado volver a leerlo de manera ordenada porque he vuelto a establecer un diálogo estrecho con su poesía, me siento cómplice como poeta, por edad, por generación, de su manera de utilizar una palabra muy precisa, pero al mismo tiempo muy rica, de mantener un dialogo muy abierto, muy rico y muy libre con la vida y de no consolar nunca a la inteligencia con falsos remedios.
Presentar este libro es invitar a leer a Alejandro Céspedes. Yo le agradezco al Editor que haya publicado estos libros porque quizá hay muchos aficionados a la poesía, lectores jóvenes, que no han tenido la oportunidad de leer las primeras ediciones de estos libros y aquí tienen la ocasión de conocer una poesía muy buena de un poeta comedido que ha escrito lentamente una obra llena de calidad, una obra importante, sin traicionar nunca ese diálogo consigo mismo por el que empecé a respetarlo allá por los años 80 desde el primer momento que lo conocí.
A parte de invitar a leer a Alejandro esto me ha servido a mí para recordarme que hace ya demasiados años que no publica un libro nuevo. Si no recuerdo mal, su último libro es del año 1998 y va siendo hora. Además de invitarles a ustedes a leerlo, quiero a pedirle a Alejandro que publique lo antes posible esos poemas en los que sin duda ha estado trabajando durante todos estos años".
Luis García Montero

SOBRE ANDAMIOS DE HUMO: José Infante.
Poeta asturiano (nacido en Gijón) Alejandro Céspedes, que aparece en la fotografía junto a la escritora Ana Rossetti y a Marisa Calvo, pintora y viuda del gran poeta sevillano Rafael Montesinos, apareció en los años ochenta en el mundo de la literatura avalado por el Premio Hiperión. Publicó algunos libros y ahora, después de un largo silencio, reaparece de nuevo con un libro antológico: "Sobre andamios de humo". El libro, que se presentó en la sede madrileña del principado de Asturias, que ahora dirige Miguel Munárriz, estuvo introducido por Luis García Montero.
Leo, en estos días de lluvia inesperada y fríos retardados que parecen llevarnos contradictoriamente al otoño, los hermosos versos de Céspedes.
Recoge en este libro toda su obra publicada “La noche y sus consejos”, “James Dean, Amor que me prohíbes”, “Muchacho que surgiste”, “Tú, mi secreta isla”, Las palomas mensajeras saben volver” y “Hay un ciego bailando en el andén”.
En una de las partes de libro, la llamada “Y con esto termino de hablar sobre el amor”, Céspedes ha reescrito algunos de sus antiguos títulos. Poeta melancólico y elegíaco, Alejandro Céspedes, está en la mejor tradición de la poesía española que viene del 27, pasa por Cántico y por algunos poetas del 50, como Brines o Rodríguez y que continuó en lo mejor de la generación del 70 y los postnovísimos. Poeta de profunda dicción que vive el tiempo y el amor como una pérdida continua, intimista, meditativo, equidistante por igual de los llamados poetas de la experiencia y del postclacisismo de los años ochenta, Alejandro Céspedes es un poeta que habla del contenido de su corazón y aspira a que su corazón contenga todos los corazones. Una obra cuidada de lenguaje que no desdeña a veces la sentimentalidad, pero que no olvida nunca el papel imprescindible de la imaginación en el hecho poético.
José Infante
Andalucía Información; Edición digital: Jorge de ArcoTitulares:
"El verso de Alejandro Céspedes abriga en su decir un constante desafío frente a la palabra y a la existencia. Ahora, su cántico, se extrema y se afianza aún más,tras dar a la luz un espléndido libro en donde la desolación que provocan los accidentes de tráfico “cadáveres de animales, zapatos desperdigados y ramos de flores”), se torna protagonista de esta arriesgada apuesta".
Suplemento de Cultura. Diario Montañés. 21 junio 2008
Salvación y recompensa. Sobre andamios de humo.
Carlos Alcorta

Titulares:
"Alejandro Céspedes nos ofrece no una imagen parcial y tergiversada de sí mismo, sino depurada y verdadera. Estamos hablando de una poesía testimonial y, como tal, el poeta no se sitúa bajo el parasol de la tercera persona, sino que condensa toda la fuerza expresiva en la disección de un 'yo' moral, reflexivo y poco autocomplaciente".
"Un lector que acceda por primera vez a la obra de Alejandro Céspedes percibirá al instante la unidad de tono que, como una corriente subterránea, fertiliza la semilla que germina en estos poemas. No hay acrobacias o malabarismos en busca de un decir abismado o grandilocuente".
"Céspedes posee ese don imprescindible para un poeta, una voz intensa y personal, que encuentra dentro de sí el asunto de sus meditaciones".
CLARÍN; nº 47 Julio-Agosto 2008
José Luís Morante
LA OTRA ORILLA Sobre andamios de humo.

SUPLEMENTO CULTURAL –
LA OPINION DE TENERIFE 15 de noviembre de 2008
Pedro Flores
La poesía habitable de Alejandro Céspedes
Han pasado diez años desde que Alejandro Céspedes publicase Hay un ciego bailando en el andén. Normalmente cuando un creador, máxime un poeta que antes de ese “silencio” había obtenido prestigiosos premios y editado en no menos prestigiosos sellos ve transcurrir tan relativamente largo período de tiempo entre una entrega y otra, ha de enfrentarse, inevitablemente, a la pregunta de rigor: ¿Por qué esa laguna, ese silencio, esa tregua? Es cierto es que diez años sin publicar poesía incide de diversas maneras en la poesía que se escribe, e incide en la manera de volver a abordar la propia obra. Creo que cuando Alejandro Céspedes hace balance, reúne el ajuar de su espíritu disperso hasta ese momento, ensambla las instantáneas del alma que, entre otras cosas, son sus libros, hay una voluntad de cerrar un ciclo, que es lo mismo que la voluntad de abrir un ciclo nuevo. En este tomo que recoge y revisa su obra publicada hay mucha labor de arquitectura: las diversas piezas, fases, libros que lo conforman son también un todo, una construcción; sólida, pero de ninguna manera rígida, sino luminosa y generadora de buena sombra a la vez, bien cimentada en el suelo pero de vocación aérea. Quizá no por casualidad ha titulado el poeta su obra reunida Sobre andamios de humo.
Al poeta Céspedes empiezo a no agradecerle el obsequio de su poesía pues tiene ésta una considerable capacidad de influencia. Estamos, y creo que es cada vez más raro encontrar esto en el actual panorama de las letras en muestro idioma, ante una casa, una poesía, habitable, un lugar que nos da la comodidad y la calidez de lo cercano a la vez que la dosis de misterio, de enigma, que ha de concitar toda buena poesía. A mi juicio, Alejandro Céspedes es un poeta capaz de hacer sentir “cómodos” a los seguidores de la poesía que se recrea en el lenguaje y a los que creen que ésta ha de sustantivar la imagen poética, a los devotos de una poesía que plantea un explicativo diálogo con la intertextualidad y los partidarios de una expresión más intimista.En el sótano, nada lúgubre, de ese “edificio” guarda sus materiales primigenios, sus hallazgos fundacionales. Allí empezó a urdir sus enigmas con James Dean, amor que me prohíbes, es tiempo de revisar esa época donde, cita el autor a Blake, el dulce amor era pecado, y hallamos al hacerlo un texto de renovada vigencia, un “sótano” al que bajar a buscar, jamás a enterrar, donde Céspedes no sé si fundaba, pero desde luego hubo de ser de los primeros en cultivar una forma de decir que conjugaba elementos, maneras y resonancias de la poesía clásica con las señas de identidad cotidianas y los emergentes iconos culturales de su tiempo.
Algo parecido se podría decir de Y con esto termino de hablar sobre el amor; tres libros en uno que viene a ser una suerte de primera planta. Textos de amor funambulista donde, otra vez, el poeta nos sacude y sorprende alternando, o más bien adoptando la voz de los clásicos a sus necesidades y expectativas poéticas, demostrando que la literatura no es un cadáver exquisito, sino una entidad viva, escribiendo desde la memoria, diciendo que nada es ajeno a la poesía y manejando magistralmente las referencias que suenan nuevas, vigentes otra vez en sus textos.
Luego nos invita el poeta en Las palomas mensajeras solo saben volver a adentrarnos en una geografía del dolor, un libro de una sobriedad punzante. Viene a ser este libro, esta estancia, una recopilación, una toma de distancia sobre los anteriores, una cabeza de playa en la recién inaugurada edad donde el recuerdo se empieza a equilibrar en la balanza con los sueños.
Libro minado todo él por las palabras memoria, recuerdo, tiempo, nostalgia, palabras mayúsculas, pero también terribles del idioma, en un libro que rezuma la belleza de lo inquietante. Alejandro Céspedes es un poeta que intercambia conciencia lúcida por paraísos eternos. Da la impresión, al leerlo que es un poeta que, al menos en lo literario, nació sin ingenuidades.
No hay tregua en la poesía de Alejandro Céspedes, no hay verso, poema ni libro que no exhale la firmeza, que no tenga esa altura que hay quien llama sobriedad pero creo que es intensidad. Como no llamaría yo a Céspedes poeta melancólico, pues no hay un segundo de languidez, de abandono bucólico en su poesía, no hay concesiones de esa naturaleza en Céspedes, y el lector de buena poesía lo agradece.
Al fin en el ático de este edificio “hay un ciego bailando...”, quizá para celebrar el final de este delirio arquitectónico. En él se reafirma el poeta en su obsesión borgeana por el paso del tiempo, por su enigma, por la dimensión nueva que este otorga a las cosas perdidas. Creo firmemente que estamos ante un poeta que, pudiendo dar otra impresión, es un veterano e irredento optimista; alguien que ejerce la alta poesía y sabe que quizá uno de sus secretos es la arcana ambición de redimir por las palabras.
Al fin y al cabo un tipo que levanta estructuras subido sobre andamios de humo tiene que ser alguien que sabe bien lo que se hace y debe ser, además de un magnifico poeta, un hombre optimista.
PUBLICACIONES DEL SUR 15 de septiembre de 2008
Jorge de Arco
En "Sobre andamios de humo" (Ediciones Vitruvio. Madrid, 2008), ha reunido Alejandro Céspedes el total de su obra poética, -a excepción de su reciente premio Blas de Otero, "Los círculos concéntricos"-
Este gijonés del 58, licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación, gestor y agitador cultural, y con siete poemarios a sus espaldas, abriga en su decir un constante desafío frente a la palabra y a la existencia que resuelve sabiamente con un verso acordado y sugeridor. Su universo lírico está salpicado de llameantes fragmentos, de inquietantes miradas, de dolientes retazos que, incesantes, lo asaltan junto a los límites del recuerdo: "Aborrezco el poder de la memoria./ Invade cada instante de mi vida./ Indulta a los fantasmas, coloniza mis noches". Los poemas se van abriendo al lector de manera cómplice, pues apoyado en un verbo musculado y vitalista los sabe dejar muy próximos al corazón:"Y yo soy hombre solo. Sólo hombre./ No lobo, aire, herrumbre ni druida,/ y cometo el error de la esperanza".
Un volumen, en suma, de una y más lecturas, sostenido por una mágica lumbre "donde puede hacer nido la nostalgia".

LA ESFERA DE LOS LIBROS- EL MUNDO 24-10-1998
Lort-Varo
"Ajustados y precisos, como corresponde a la idea que los genera, son los 22 poemas de “Hay un ciego bailando en el andén”.
"
Identidad y concreción del ser individual que Alejandro Céspedes buscará desde el espejo del poema final, verdadera puerta de entrada a todo el libro".
"Dos aspectos fundamentales deben señalarse: el lenguaje directo y sencillo del poeta, en el que destaca la función conceptual de la metáfora y el empleo frecuente de paralelismos sintéticos".
HAY UN CIEGO BAILANDO EN EL ANDÉN
ABC LITERARIO 17-7-1998
J.M Barrera
Tras cinco libros publicados desde 1986, Alejandro Céspedes (Gijón, 1958) profundiza ahora en “Hay un ciego bailando en el andén” en un espacio preliminar de vida, “vértigo” de la huella íntima ante el propio camino de los signos. Desde la “otredad” que supone una nueva identidad, traza la medida del tiempo, el retorno a la infancia, especial visión en el espejo de la vida: “Hubo un tiempo anterior/ donde era libre/ de inventarme los nombres de los días”.Ya W.B. Yeats, en 1909, explicaba: “Creo que toda felicidad depende de la energía con que asumamos la máscara de un otro yo; que todo el gozo de una vida creadora consiste en renacer como algo que no seamos, algo que no tiene memoria, a lo que se crea en un momento y se renueva perpetuamente”. Con el rechazo a la “esclavitud” simbólica del cuerpo frente a la conciencia de sueño, el “consejo” interior define la obra de Céspedes, la temporalidad y el recuerdo: “Te necesito allí para saber que estuve./ Si te vas,/ mi vida/ se escapa por el hueco que tú dejas”. Los ámbitos de esa “vuelta” al pasado iluminan el mundo “soñado” de eternidad, el empeño de una “imposible” existencia. La naturaleza “clarifica” igualmente la raíz de esta “definición” interna con la llamada de la muerte. La poética meditativa y existencial expuesta concreta así diversas imágenes urbanas al hilo de esta visión definitiva: “Muere contra el rompiente de la esquina/ y se hace espuma./ Es la curva cerrada de la vida/ que jamás nos permite/ poner recto el volante”.
BABELIA – EL PAIS 30-5-1998
Carlos Ortega

Panorámica del Tiempo Vencido: La poesía sigue gozando en nuestro país de una estimable capacidad creativa. Reediciones de clásicos contemporáneos comparten actualidad con libros de autores jóvenes y nuevas obras de los ya consagrados: Un coloquio establece Alejandro Céspedes entre el niño que fue y su actual extrañamiento en Hay un ciego bailando en el andén, ardid que mantiene con gran verosimilitud y energía, saliendo de sí mismo para ver su verdad.
GUÍA DEL OCIO MADRID Julio, 1998.
Santiago García López
Joven poeta asturiano, Alejandro Céspedes, escribe unos poemas en el que el tono evoca la elegía. Elegías al asturiano mundo que vivió, a sus vivencias del niño que ya no será, a sus amaneceres y sensaciones físicas que ya no se repetirán...
Unas elegías a la muerte de una parte de sí mismo, la que fue en su niñez, tan añorada como imposible de volver a vivir excepto a través de la evocación que el poeta hace en tersos versos, de brillantez de imágenes y sencillez de léxico.
Verso a verso los poemas se encadenan con la cadencia de la naturaleza, sencillos como la misma vida, huyendo de las retóricas y de los sonsonetes o de las oscuras e ininteligibles imágenes. Poemas de la serenidad ante el desencanto de la edad adulta, Alejandro Céspedes es uno de esos poetas que su lectura nos transmite serenidad. La difícil y bella serenidad del vocablo exacto y la imagen bella en su sencillez. Buscando esa comunicación tan difícil entre uno mismo y su pasado. Deificando un paisaje y unos hechos míticos en el recuerdo.
Presentación de "Hay un ciego bailando en el andén" en Oviedo.

LAS PALOMAS MENSAJERAS SÓLO SABEN VOLVER
La imaginación de los recuerdos; Rafael Alfaro.
Titulares:
“Estamos ante un poeta de estupenda mirada interior y el libro nos presenta una capacidad inmensa de imaginación, como un recuerdo del futuro confundido con el pasado. Los poemas solamente enumerados se leen como un solo poema”.
“Hay en estos poemas un despliegue descriptivo de categorías con un lenguaje en el que la metáfora nace de la misma vida. El poeta tiene una sensibilidad especial en la musicalidad del verso. No se conforma con narrar o descubrir. Sabe conferir al verso un ritmo y una melodía espontánea. Lo cual crea a lo largo de la lectura un clima poético sin interrupción”.
“Alejandro Céspedes nos ha ofrecido un libro con una profundización de sí mismo, del mundo de sus imaginaciones y recuerdos. Al mismo tiempo que bucea en su interior con una poesía de autoconocimiento, nos dice lo que pasa en nuestra realidad humana. Un libro ejemplar y denso. Inolvidable”.
LUIS FERNÁNDEZ ZAURÍN. El Ciervo. Diciembre, 1994
¿Qué libros le han interesado más en 1994?

Uno de los dos mejores libros de poesía del año (1994)
”Finalmente me quedo también con dos libros de poemas, Las palomas mensajeras sólo saben volver, de Alejandro Céspedes (Hiperión), obra tan bella como su título en la que su autor, mostrando una notable evolución formal respecto a otros títulos suyos anteriores, poetiza sobre los territorios de la memoria, a los que Céspedes no puede evitar volver con nostalgia y dolor, y para acabar, con "Habitaciones separadas, de L. García Montero.”
MADRID 24-2-1997
Vicente Presa
Buen amigo y por mí venerado en su libro “Las palomas mensajeras sólo saben volver”, Alejandro Céspedes es una voz fuerte, personal y regenerada que devuelva a la poesía una tensión muchas veces cuestionada y, eminentemente hoy, en entredicho. En su lírica conspira a favor de las ideas, de las emociones y de los sentimientos. Pero desde una palabra nueva. Su poesía aporta vitalidad y frescura. Y no sólo por la impregnación surrealista y onírica, ni tan siquiera por los mitos de la actualidad a los que recurre. Ahí están Jimi Hendrix, Lou Reed, Diana Ross, James Deán... Alejandro Céspedes retorna, y de la mejor manera, a los temas de siempre, aunque rompe el juego esteticista con valentía y riesgo, sabedor en todo caso, de dar un salto en el vacío.”
ABC CULTURAL julio, 1994
Víctor García de la Concha, Presidente de la Real Academia de la Lengua.
Premio de Poesía Hiperión 1994: Una cosecha exelente.
La Gaceta Universitaria, 17-10-94
La memoria: Las palomas mensajeras sólo saben volver, al contrario que el libro de Ada Salas, abunda en el uso de la palabra, entendida como construcción del futuro a base de recuerdos. Los treinta poemas son auténticos nudos de emoción densa entre rediles de amor y conjuras de memoria desplegada y expandida hasta el infinito. Obra ensamblada pedazo a pedazo, refleja el dorado rumor del paisaje incandescente de aquel que mira en su interior y después se compara con otra persona tratando que el ruido del choque no sea demasiado estridente. Es la confesión de un autor prendado de la circularidad de los retornos, los suyos y los de las palomas mensajeras. J.O.
DIARIO DE MALLORCA 3 de diciembre de 1994
JAMES DEAN, AMOR QUE ME PROHIBES
EL CORREO ESPAÑOL – EL PUEBLO VASCO 25 de febrero 1987
Amalia Iglesias; Evocación de los placeres prohibidos
Amparado por el premio –en esta ocasión el Arga de poesía en Pamplona- nos llega un nuevo libro de poemas de Alejandro Céspedes, joven autor asturiano nacido en 1958.
Una lectura de las citas en que se apoya sería indicio suficiente para trazar los eslabones de una cadena de tradición nombrada (Cernuda, Byron, Gil de Biedma, Kavafis...) vinculados entre sí, no tanto por estilo sino más bien por su estética vital o postura vivencial. Entrar aquí a dilucidar hasta qué punto el mal llamado “mal de los griegos” influye en el quehacer poético de éstos y otros autores sería pretencioso y, sin lugar a dudas, vano.
El libro de Céspedes, dividido en dos partes, toma el título de la primera de ellas: “James Dean, amor que me prohíbes” en el subtítulo “Misal para una infancia de mitos”, se recogen las tres claves fundamentales: misal en cuanto que se convoca a una larga lista de héroes, santos o dioses que conforman la galaxia íntima del poeta, extractados de la historia para, una vez personalizados, convertirse en historia individual e intransferible; infancia como paisaje propicio e idealizado “lugar de los cuerpos poéticos”; y mitos de procedencia diversa, del cómic a la historia, del pop a la pintura, mitos mezclados sin pudor, transgredidos los tiempos, los espacios, desde la plena libertad de la palabra.
Entre el tiempo perdido y la infancia recuperada, un rosario de efebos que cruzan y ese volver a tenderse en la hierba para amarse –tan Cernuda, tan Witman-, ese tenderse en el esplendor de la hierba una vez más, entre la ternura y la ironía, tantas veces amarga.
“James Deán, amor que me prohíbes” pudiera calificarse de libro “novísimo” a destiempo, si tenemos en cuenta el culturalismo abundante en sus motivos, la objetivación de temas en distintos personajes, la cultura pop conviviendo con la clásica (aparentemente), y el cine incorporado a la realidad (de lo que da buena cuenta el título). Menos culturalista resulta la expresión del poema, que se deja leer con gusto y nos ofrece bastantes hallazgos de imagen, sin llegar a ser cargante.
RECORTES DE PRENSA
ENTREVISTA por JORDI DOCE

James Dean, amor que me prohíbes por Juan Ignacio González
James Dean, amor que me prohíbes por Marián Suarez.






