POLÍTICA-MIENTE INCORRECTO

Blog del poeta Alejandro Céspedes con reflexiones, artículos, opiniones, etc. sobre actualidad, literatura o política, desde un punto de vista muy poco epicéntrico.

A veces me veo a mí mismo nadando en medio del mar hacia una isla que ese otro que también soy yo ni ve ni sabe que existe.

Todos los textos de este blog están protegidos bajo licencia.
“Amo más que nunca la poesía como creación extrema del hombre, me siento como siempre un aprendiz, sé que he escrito algo relativamente diferente, no me interesan el éxito literario ni la fortuna ni tampoco la farándula "socio-literaria", busco lo abierto”.
Extracto de una carta de Roberto Juarroz a W.S. Merwin, traductor de su obra al inglés, que yo podría firmar perfectamente. Incluida como epílogo a Décimocuarta Poesía Vertical. Fragmentos Verticales, Emecé, Buenos Aires, 1997.

Los toros de Osborne también son escolásticos, o cómo Toni Cantó se crece sin castigo.

Por si alguien tiene a estas horas el necesario estómago intelectual para soportar a este botarate (es la mejor palabra que lo define: hombre alborotado y de poco juicio), le dejo aquí la ventana por donde puede asomarse.

Toni Cantó, alborotado y alborozado, otro títere encantado de pensar que se le está ocurriendo a él mismo lo que alguien le ha escrito. Se le nota en la cara, sabe que es el mejor discurso de la historia parlamentaria. Y por si alguien pensase en poner en duda su argumento acude a la “autoritas” citando las fuentes que crearon su partido.

1ª PERLA:

Estrictamente hablando, los animales no tienen derechos a la par que tampoco tienen obligaciones”.

Así pues, yo propongo la inmediata puesta en libertad de todas las gallinas ponedoras, cerdos, vacas, ovejas y animales de tiro y producción.
Estrictamente, “tu quoque, Cantó, fili mi”, nadie tiene “per se” ni un sólo derecho. Los derechos se otorgan como un intento de ordenar nuestra percepción del mundo y son una parte de la arquitectura social que nos permite precisamente ser seres sociales. Su alcance también está delimitado por la propia sociedad que los concede. Esos derechos a la vida y la libertad ni son ni nunca han sido universales más que en las hermosas declaraciones que hacen políticos como tú. Los derechos nacen de sociedades que reflexionan sobre su propia esencia individual y colectiva, y su alcance llega estrictamente donde alcanza su poder para imponerlo. ¿Has caído? He escrito dos palabras clave: “poder” e “imponer”. Ahí te las dejo por si te queda libre algún mega de memoria RAM, a corto plazo, que dirían los estudiosos de la fisiología del cerebro.

2ª PERLA:

Ya que al carecer de libre albedrío y capacidad de decisión no podemos considerarlos sujetos éticos capaces de discernir entre el bien y el mal”

Por ese mismo razonamiento, tan escolástico, podríamos seguir justificando toda forma de esclavitud y sometimiento. Ahí tienes a los niños esclavos/soldado, los esclavos de Sudán, los intocables de la India, y a millones de mujeres a las que, hoy mismo, se las sigue considerando en muchísimos países seres sin libre albedrío y sin capacidad de discernimiento. Razonamientos como el tuyo impidieron que en nuestro país la mujeres pudiesen votar hasta hace poco. Ah, otra cosita y gracias al mismo razonamiento ¿deberíamos hacer corridas de mujeres? -aquí me van a salir varios graciosos, ya verás- ¿de niños y de esclavos?

Mi querido “tu quoque, Cantó, fili mi”, es la misma sociedad la que se considera capacitada para otorgar esos derechos la que también los quita, los olvida, los desprecia o ni siquiera se los imagina. No sé si estoy siendo demasiado complicado para ti. Quiero decir que eso que tú das -tan escolásticamente- como un hecho irrefutable proviene de una conciencia religiosa, es decir pre-racional, ligada al concepto de creación
(Génesis 1:26):
"Y Dios creó al hombre conforme a su semejanza, para que ejerza dominio sobre todas las bestias, sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra."
Ten cuidado si alguna vez te toca arrastrarte sobre la tierra, Toni, porque a ese mismo Dios se le olvidó añadir “sobre los semejantes”, bah, una tontería que el mismo hombre se propuso arreglar desde el principio.

En la mal llamada cuna de la democracia, la Grecia del siglo V antes del Cristo al que tú apelas obviamente sin saberlo y sin que el propio Cristo lo sepa tampoco -toda tu argumentación es escolástica, es decir, medieval- sólo el 10 % de la población gozaba de esos derechos de los que hablas. El resto, trabajadores, campesinos, esclavos y MUJERES, estaban excluidos.


3ª PERLA:

Sin embargo la capacidad de sufrimiento y la percepción del dolor establece una continuidad entre animales racionales y animales irracionales. Esa continuidad no transforma a las bestias en nuestros iguales éticos. Todo contrato implica igualdad entre las partes, Con los animales no puede haber contrato, este es el fondo del asunto, sólo puede haber trato. El maltrato con los animales no es un atentado ético, no viola ninguna obligación moral para con ellos, nuestra brutalidad con los animales nos hace menos humanos pero lo cierto es que los toros, todos los animales, no tienen dos de los derecho fundamentales que nosotros tenemos: el derecho a la libertad y el derecho a la vida”.

Seguimos escolásticos o algo bastante peor, nótese el uso de la palabra “bestia”, tan bíblica, tan antigua, tan casposa. En las sociedades en las que a los animales se les llamaba “bestias”, aquí sí con carga “moral” -como todo tu discurso- “tu quoque, Cantó, fili mi” no podrías cobrar por lo que haces.

Para mezclar “conciencia”, “humanidad”, “ética”, “libre albedrío”, “el bien” y “el mal”, etc. como si fuesen botes de salsas que están en la cocina, créeme, hay que ser buen cocinero. Y estudiar un poco. ¡Ay, Sabater, ya ves que estudiar tampoco arregla nada, hay cosas que provienen del cerebro de reptiles y que gente como tú ya no sabe discernir. No sé qué será peor, un mal profesor o un buen discípulo.

¿Pero qué le pasa a este tío? ¿Nunca le han regalado ni siquiera un pez como mascota cuando era niño? ¿O es que también es de los que dice esa bonita frase: “tiene memoria de pez”? Como resulta que, para quienes dicen esto, “pez” es cualquier cosa que esté dentro del agua, yo tampoco voy a tener reparos en distinguir “clase” en su sentido taxonómico. De modo que las ballenas, los salmones, las tortugas, las anguilas... vuelven al mismo sitio tras recorrer millones de km sólo por pura casualidad. ¡Como me salga alguien ahora haciendo confusión con “instinto”, “biología”, “fisiología” y sus derivadas de inteligencia, memoria, conciencia, etc. verás!
Cuando una persona elige un chuletón de Ávila en vez de una lechuga se llama inteligencia. Cuando mi perra, mientras voy a por el cuchillo a la cocina, elige la pizza recién traída en vez de su pienso en bolas, o la lata de atún de la ensalada en vez del chusco de pan es instinto de toda la vida. Todo el mundo sabe -y no hay que ser Konrad Lorenz- que los cánidos, antes de la domesticación, cuando tenían hambre llamaban a Telepizza. En su desarrollo evolutivo los delfines no han necesitado ordenadores portátiles. Aunque ahora no les vendrían nada mal para intentar defenderse de nosotros.

Cuando el ser humano en exclusiva se atribuye el don de la racionalidad me retrotrae a aquellos tiempos donde la única forma de pensamiento acertada y aceptada la imponía la Inquisición. Nuestra propia concepción antropocéntrica, por cierto, muy antigua y estrictamente acientífica, contamina y propicia un estado de conciencia muy sesgado que impide, tantas veces, hacernos cuestionar el papel que el humano se ha atribuido dentro del universo.

Me resulta tan grotesco, tan obsceno intelectualmente, escuchar a tantos tertulianos Tertuliani, vil razza dannata”, como diría Rigoletto, que los toros se crecen, que les gusta, que no sienten dolor, que para ellos morir en la plaza es una muerte con honor... Para esto sí que lo toros tienen conciencia, moral, planteamientos éticos y estéticos... ¿De dónde viene el honor, mamarrachos?

A dónde quiero llegar, estarás pensando,“tu quoque, Cantó, fili mi”. Pues mira, a algo tan sencillo como que las cosas cambian, las leyes, las costumbres, y también -y sobre todo- eso que tan estúpidamente llama cultura a cualquier cosa (cultura en sentido laxo, que diría el filósofo; es decir, desde dar con una piedra sobre un coco para beber la pulpa (monos y humanos) a utilizar un instrumento para un fin (como tocar el violín, cortar una manzana o como el pájaro que usa una el tallo de una espiga para sacar orugas de la corteza de un árbol).

Hay un gran problema en todo esto. Que ese cambio está en manos de gente como tú. ¿Quién te ha dado a ti el derecho a decidir sobre la vida? Todavía no lo pillas ¿verdad?


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Flores en la cuneta en EL CULTURAL-El Mundo (08-01-10); Francisco Díaz de Castro

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